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Buenos Aires
Ninguno de los dos imaginó estar donde está. Uno nunca pensó celebrar así su fecha de nacimiento.
El otro ya vivió dos veces el mismo olvido. El 19 de noviembre, para uno de ellos fue el día especial. No fue el cumpleaños, ni el festejo al que solía estar acostumbrado, pero tuvo un privilegio: un par de horas más y ciertas libertades, mínimas, en el régimen de visitas.
Así, mientras el ex vicepresidente de la Nación Amado Boudou festejaba su cumpleaños con su mujer, su suegra, el periodista Daniel Tognetti y el cantante de la Mancha de Rolando en el salón del Penal de Ezeiza, se dio una situación compleja y algo perturbadora.
A los pocos metros de Boudou, sin que él supiera, esperaba por su esposo Norma Calismonte, la mujer del empresario santacruceño Lázaro Báez.
Hasta ese momento, el ex socio de los Kirchner y el ex vicepresidente no se habían cruzado ni intercambiado miradas, nada, pero ambos sabían que era cuestión de tiempo.
Lázaro llegó, atravesó el salón y Boudou -que estaba con su suegra y Tognetti- intentó romper el hielo. “Lázaro”, le dijo en un tono fuerte y simpático para que el hombre del sur notase su presencia. Báez no lo escuchó -o hizo que- y Amado repitió el llamado.
En ese instante, Lázaro detuvo su marcha, lo miró y lanzó un dardo venenoso como si se tratase de una bala verbal que hacía tiempo esperaba en su recámara: “¿Ahora me reconocés? ¿Ahora me saludas? Hace un año y medio que estoy acá, eh”, disparó ante un Boudou que no supo cómo reaccionar.
El pingüino continuó mirando al grupo que estaba con Amado y sin sentarse retrucó: “Ahora que estamos en igualdad de condiciones me conocés pero yo estoy hace tiempo acá, eh. Si hablás con la señora decile que no me olvido, que estoy acá hace un año y medio y que soy leal a mi amigo”, sentenció Báez, mencionando con su estilo a Cristina Kirchner y al ex presidente Néstor Kirchner.

Ezeiza
Boudou llegó a Ezeiza el 3 de noviembre pero hasta el momento no se había cruzado con el empresario, acusado de ser testaferro de la familia Kirchner, lavado de dinero y de integrar una asociación ilícita con la ex familia presidencial. Báez pasa los días en silencio, intentando recomponer la relación con su familia luego de la ruptura de su vínculo con Liliana Acosta, quien fuese su amante y luego su pareja.
Intercambió un par de palabras con otros de los que en ese momento estaba en la mesa y se sentó con su mujer.
Según contaron a Infobae testigos de ese intercambio, Boudou no supo qué responder, balbuceó y eligió no confrontar.
En tiempos de las mieles del poder, Boudou y Báez apenas tuvieron contacto, pero ambos se conocían muy bien. Esta vez el contacto fue diferente: ambos presos en el mismo pabellón.