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Caleta Olivia
Según la Ley 26.199, desde 2006, el 24 de abril es el Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos porque se conmemora el Genocidio Armenio, una brutal matanza por parte del Imperio Otomano los días 23 y 24 de abril de 1915, donde murieron aproximadamente 1 millón y medio de personas.
En el cuerpo de la ley dice que “con el espíritu de que su memoria sea una lección permanente sobre los pasos del presente y las metas de nuestro futuro”.
La legislación también indica que se autorice a “todos los empleados y funcionarios de organismos públicos de origen armenio a disponer libremente los días 24 de abril de todos los años para poder asistir y participar de las actividades que se realicen en conmemoración de la tragedia que afectó a su comunidad”.

Qué se conmemora
El 24 de abril de 1915 comenzó lo que se conoce como el genocidio armenio por parte del Imperio Otomano. El espíritu de la Ley 26.199 es recordar el padecimiento sufrido por el pueblo armenio.
En la actualidad existe gran controversia entre Turquía (país heredero de lo que fue el Imperio Otomano) que niega el genocidio y Armenia que sostiene lo contrario. Quizás para evitar problemas diplomáticos con Turquía el estado argentino eligió el nombre de “Día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos” omitiendo la frase “genocidio armenio”.

Historia
El 24 de abril se conmemora el Genocidio Armenio, en el que murieron aproximadamente un millón y medio de personas.
La fecha evoca el intento por parte del Imperio Otomano de exterminar al pueblo armenio. En la noche del 23 de abril de 1915, y durante toda la madrugada del día 24, cientos de intelectuales, religiosos, profesionales y ciudadanos de ese origen fueron despojados de sus hogares y deportados, para ser posteriormente asesinados. El 24 de abril resume simbólicamente todos aquellos crímenes de lesa humanidad, que los turcos-otomanos cometieron en perjuicio del pueblo armenio con anterioridad a esa fecha.
La lucha contra las políticas de negación y olvido por parte de los sobrevivientes y los familiares de las víctimas armenias, ha sido clave para que hoy se pueda ejercer un recuerdo activo. Pese a la magnitud de estos crímenes, sólo una veintena de países han reconocido, mediante una resolución de carácter formal, la perpetración del genocidio armenio. Argentina es uno de ellos.
La política hostil del Imperio Otomano hacia los armenios era anterior al estallido de la Primera Guerra Mundial. Los antecedentes remiten a la segunda mitad del siglo XIX. Tras la celebración del Tratado de San Stefano (1878), el Imperio Otomano, derrotado por Rusia, se vio obligado a aceptar la independencia de Rumania, Serbia y Montenegro, además de la semi-independencia de Bulgaria. En ese marco, intentó evitar la creación de un Estado armenio independiente, que consideraba previsiblemente favorable a Rusia, en el este de Anatolia y hasta el Cáucaso, territorios poblados desde hacía siglos por los armenios aunque sometidos al Imperio Otomano. De religión predominantemente cristiana, existen evidencias de la presencia armenia en Anatolia desde el siglo VI A.C.
El recrudecimiento de la política persecutoria del Imperio Otomano enfrentó una creciente resistencia por parte de movimientos populares armenios que se organizaban en torno a reclamo de reformas, el respeto de algunos derechos y garantías que no eran respetadas por parte del Sultán. Algunos inclusive buscaban lograr una cierta autonomía regional y aún el derecho a portar armas. Las respuestas fueron una serie de persecuciones y matanzas que preanunciarían el exterminio perpetrado durante el siglo XX.
El crescendo de la violencia y las persecuciones contra los armenios encontró un salto cualititativo a partir del estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El Imperio Otomano ingresó en la contienda el 29 de octubre de 1914, atacando a las fuerzas rusas que rodeaban la ciudad de Kars, en lo que entonces era territorio ruso. A comienzos de 1915, los turcos fueron derrotados en la batalla de Sarikamis, y las fuerzas rusas contraatacaron, internándose en territorio turco, en una zona en la que ya se habían producido fricciones interétnicas entre armenios y musulmanes. Numerosos armenios colaboraron con las tropas rusas con la intención de atacar el frente oriental otomano y el sureste de Anatolia. En su disputa con los turcos, la política rusa indujo a muchos a pensar que apoyaría el establecimiento de un Estado armenio independiente. Por otra parte, un desembarco aliado en los Dardanelos extendió la amenaza sobre los turcos, que buscaron un chivo expiatorio y lo encontraron en los armenios.
Al acercarse el ejército ruso, el 20 de abril de 1915 se produjo una revuelta armenia contra los turcos en la ciudad de Van, a orillas del lago homónimo. Muchos armenios buscaban enfrentar la política genocida de los turcos y la ciudad fue sitiada. Cuatro días después del estallido de la revuelta de Van, el 24 de abril de 1915, el gobierno de los Jóvenes Turcos consideró que afrontaba una sublevación dentro de los límites de su imperio, semejante a las que había enfrentado anteriormente en Grecia, Serbia y Bulgaria (y que habían culminado con la pérdida de dichos territorios). En consecuencia, decidió proceder con dureza y propinar a los armenios un castigo ejemplar. Las autoridades turcas decidieron deportar a sectores importantes de la población armenia hacia el sureste de Anatolia. Según los testimonios, ese mismo día fueron arrestados 250 intelectuales armenios, la mayoría de los cuales fueron ejecutados de inmediato. Poco después a partir del 11 de junio de 1915 se establecieron órdenes para la deportación de cientos de miles tal vez más de un millón de armenios de todas las regiones de Anatolia (excepto zonas de la costa oeste) a la Mesopotamia y el territorio de la actual Siria.
Tras el apresamiento de la mayoría de los hombres y los arrestos de numerosos intelectuales, tuvieron lugar masacres generalizadas a lo largo de todo el Imperio. En Van, el gobernador Djevded Bey ordenó a tropas irregulares cometer crímenes para forzar a los armenios a rebelarse y justificar así el cerco de la ciudad por el ejército otomano. Con la excusa de la resistencia armenia en Van, la política de exterminio y deportaciones se generalizó, acusando a los armenios de sabotaje y terrorismo.
Los nacionalistas en el poder del Imperio Otomano, conocidos como los Jóvenes Turcos (que habían tomado el poder en 1908), impulsaron una política de exterminio de las comunidades armenias, a quienes veían como culpables de la inestabilidad del Imperio Otomano. A las mujeres y los niños especialmente, se los sometió a vejaciones y agotadoras marchas que los exterminaron.
Se calcula que existieron unos 26 campos de concentración para confinar a la población armenia. Según fuentes armenias algunos de ellos pudieron haber sido únicamente lugares de emplazamiento de fosas comunes y otros lugares de confinamiento donde morían de epidemias e inanición.
Como se ha señalado, el Estado turco no reconoce el genocidio perpetrado hace ya casi cien años. Por distintos motivos, numerosos países que desarrollan políticas de conmemoración de otros genocidios, tampoco lo hacen.