Ser “maestro” es vivir

Caleta Olivia – Por Natalia Quilis
En la vida, en varias ocasiones oficiamos de maestros y en muchas otras, nos toca el rol de alumnos.
Es tan así de sorpresivo éste camino del cual gozamos los privilegiados que estamos en el recorrido. Ya que nada en un viajante es previsible y es la existencia tan sabia que siempre nos somete a las pruebas que ella desea. ¿Para templarnos?… Tal vez; ¿Para purificarnos?… quizás.
Si bien no podemos dar una respuesta a ciencia cierta; si, lo que podemos afirmar es, que la vida es sabia y que nos somete a diferentes roles por los cuales la resultante es un afinamiento del espíritu.
Retomando la idea central, la de aprendizaje- enseñanza. Si hay algo que se puede cotejar es esa interacción de puestos que nos toca a todos y no solo a quienes enseñamos de manera académica y lo mejor es ser y estar consientes de ello.
Bastaría solo revisar el proceso de vida de cualquier individuo de cualquier especie para notarlo porque de hecho, a eso venimos. Nacemos y es como caer en un lugar en el cual todo es desconocido, el medio entonces, debe por cierto ser aprendido.
Aprendemos a respirar, a llorar y a conectarnos con el entorno por medio de los cinco y hasta hay quienes afirman seis sentidos. A partir de allí ya somos también maestros que enseñamos constantemente al resto a comunicarse con uno mismo desde el mismo instante en el cual somos o existimos; es decir; somos parte.
Así comenzamos a manifestar de inmediato, cuáles son nuestras necesidades, demandas, molestias y gustos entre otros.

Camino
En fin, vamos surcando nuestro camino en una interacción constante y con el correr del tiempo internalizamos el conocimiento de que, siempre estamos en esta especie de rueda de enseñanza aprendizaje y nos adaptamos a ello, por decirlo de alguna manera, a la vida misma.
Podemos, con el tiempo, percibir, que no solo es una interminable círculo de causa efecto con otros, sino que también los hechos, tanto errores como aciertos nos dejan enseñanzas, de lo que se deduce que la experiencia también nos enseña.
Así aprendemos como caminar sin caernos, como aprendemos que si dañamos a otros nos vuelve, que si damos recibimos y si nos esmeramos cosechamos así como que, si nos dejamos estar no obtendremos frutos de ningún tipo.
Algunos tardaremos más en determinados aprendizajes, sin embargo podemos ofrecer enseñanza en otro aspecto y otros más sabios, enseñaran la mayoría del tiempo, éste elemento o fenómeno es sin dudas puntual para los buenos maestros- alumnos.
El tiempo, elemento que es el punto base para el alumno- maestro y que es irrefutable, aunque no el único, porque también se juega la capacidad de observación así como el contexto y las experiencias que nos toquen a cada individuo; independientemente del resto de los seres y de los factores mencionados.
Por tanto la vida es como el fuego purificador y ardiente que va templando, dando forma y afinando la espada y el temple; así es como lo logrado dependerá exclusivamente de la resistencia, de acuerdo a la cual, resultará la calidad, por cierto.
Entonces, a veces nos quejamos de las experiencias que tenemos que atravesar, sin embargo, no atravesamos nada que no nos fuera necesario.
Ya que la calidad del maestro o del aprendiz se ajustará a el fin, el que a su vez será justificado por los medios aplicados.

Pruebas
Cuando más pruebas atraviese un alumno más cerca estará de superar al buen maestro que se las presentó.
Así, la vida, el entorno, las relaciones con otros seres estarán supeditadas a la anterior premisa. Por tanto no queda más que agradecer la existencia y actuar de acuerdo al rol que nos exija, ya sea éste, el de maestro o el de aprendiz.
Por mi postura expuesta en la presente opinión no te habrá de, querido lector asombrar que mi razonamiento de “maestro” se sustenta en una idea universal. Quedando entonces nada por expresar, les deseo de corazón un…:
Feliz día, a todos los seres.

quilis
*Natalia Quilis es docente en Lengua y Literatura.

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