El rearme moral de la política española: entre lobos y votantes desencantados

Por Dr. Francisco Fernández Ochoa
Durante años, hemos escuchado el mismo grito: “¡Viene la derecha, viene la derecha!” Una advertencia constante que recuerda al cuento de Pedro y el Lobo: repetida tantas veces, termina perdiendo credibilidad. El peligro ya no asusta como antes, y el mensaje de alerta se transforma en un eco que muchos perciben como exagerado o incluso oportunista.
Lo sorprendente es que quienes deberían haber prestado más atención a esas advertencias son, paradójicamente, los votantes del PSOE. Cansados de medias verdades, silencios calculados y promesas incumplidas, algunos han optado por castigar lo que consideran engaño o falta de coherencia, votando a VOX. Este gesto no refleja un cambio ideológico profundo, sino la frustración de ciudadanos que sienten que la política tradicional no responde a sus necesidades.
VOX, que en otros tiempos parecía marginal, hoy actúa como un termómetro del descontento social. Su presencia evidencia que cuando los partidos tradicionales pierden credibilidad, surgen alternativas que capitalizan esa desafección. No es un fenómeno aislado; es un reflejo de los ánimos de una sociedad polarizada y de la creciente exigencia de transparencia y resultados concretos.
Este escenario nos obliga a plantearnos una cuestión esencial: el “rearme moral” de la política. No basta con advertir sobre lobos imaginarios ni con discursos rimbombantes. La verdadera recuperación pasa por reconstruir la confianza de la ciudadanía mediante coherencia, ética y acciones claras. Los ciudadanos quieren ver que las palabras se traducen en hechos, que sus preocupaciones son escuchadas y que la política es un instrumento para mejorar sus vidas.
El lobo no es necesariamente una ideología o un partido concreto. El verdadero lobo es la pérdida de credibilidad, la apatía y el desencanto. Solo recuperando la integridad y la transparencia política podremos enfrentar los desafíos del presente y del futuro, evitando que la frustración ciudadana se traduzca en votos que castigan más que en votos que construyen.
En este momento, España necesita líderes que escuchen, que actúen con claridad y que comprendan que la política no es teatro, sino un compromiso con la ciudadanía. La moral política es más urgente que nunca: es el antídoto contra el miedo repetido, contra la polarización y, sobre todo, contra la desilusión.

