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Buenos Aires
El bloque Justicialista en el Senado, con su presidente Miguel Ángel Pichetto, presentó un proyecto de ley para que se cree una Comisión Bicameral que realice un seguimiento del Acuerdo de Cooperación entre Argentina y China referido al programa de exploración de la luna.
El propio Pichetto presentó el texto, que, entre otras cosas, busca que los funcionarios del Gobierno de las áreas competentes se presenten a brindar informes cada noventa días sobre los avances de la base espacial ubicada en Neuquén.
El proyecto lo firmaron también los senadores del PJ Pedro Guastavino, Carlos Espínola, Rodolfo Urtubey, José Ojeda y Carlos Caserio. Establece que la comisión estará compuesta por siete senadores y siete diputados.
La iniciativa define que la comisión deberá “contar con acceso irrestricto a las instalaciones de seguimiento terrestre, comando y adquisición de datos en el territorio de la provincia del Neuquén, y a toda documentación pertinente”.
Además, establece que tendrá que “verificar el cumplimiento del acuerdo, sus resultados y perspectivas de desarrollo futuro” pero también todos sus miembros “garantizar la confidencialidad de la información, asumiendo las responsabilidades correspondientes por su divulgación”.
Si bien la base ya está instalada y lista para operar, aún hay incertidumbre sobre cuál será su fin. La concesión es por cincuenta años, pero no se sabe en qué trabajará y qué control ejercerá el Estado.
La empresa que la administrará es Satellite Launch and Tracking Control General (CLTC). Depende en forma directa del poder central del régimen chino: el Ministerio de Defensa. De hecho, los propios ingenieros y científicos del Ejército diseñaron la base e indicaron qué tecnología se requeriría según los objetivos que persiguiera Beijing. También responde a la Comisión para la Ciencia, la Tecnología y la Industria para la Defensa Nacional.

Exploración
La construcción de la base fue bajo la excusa de exploración espacial y el lanzamiento de satélites, pero luego se supo que tendrá también capacidades que van más allá de lo científico o astronómico. Un punto clave de esto es si podrá interceptar comunicaciones. El interrogante surge porque CLTC nació en 1986 bajo el aura del Ejército de Liberación Popular de China y, por aquel entonces, se dedicaba al enlace y logística, pero también a la telemetría, el control y el seguimiento.
Y no solo esto: el director de la empresa también es el responsable del Departamento General de Armamentos del Ejército chino. Esta dependencia es la que le provee alertas y notificaciones sobre la actividad en el espacio aéreo y la que la abastece de nuevas tecnologías.
La gigantesca antena instalada en el predio de 200 hectáreas en la pequeña localidad de Bajada del Agrio en Neuquén genera más dudas que certezas y otorga unas facilidades inéditas para otro país en territorio soberano: 50 años de explotación en solitario, con nula participación argentina y sin el pago de un peso en concepto de impuestos.
Otro dato que llama la atención es lo reservado y el secretismo que rodea al área ocupada por el Ejército de Liberación Popular. Solo personal autorizado por Beijing (militares y miembros del régimen chino) tendrán acceso a las instalaciones. Ningún argentino podrá ingresar a supervisar obras o saber qué ocurre en el misterioso predio.