Cartas al Director: ¡Un violador en tu camino!

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía! El Estado opresor es un macho violador!

carta

25 de noviembre. Justo el día antes de la lucha contra la violencia hacia las mujeres me paso una situación de las que muchas veces he escuchado en relatos y vivencias, comunes entre las mujeres, me refiero a que las naturalizamos, se vuelve normal.
Iba caminando, como casi todos los días, paseando mis perras, tranquila porque sentía paz, me sentía segura… Escuchaba música, miraba como mis perras corrían. Miro a una de ellas y estaba alerta, mirando para atrás (algo que comúnmente hace cuando ve a alguien y espera que la agarre).
Me doy vuelta y veo a un hombre, no me llamó la atención porque estaba pensando que mi otra perra andaba corriendo y debía atarla para que pase «esta persona» sin sentir miedo. Entonces, cuando veo que viene mi perra, la agarro. Me agacho y vuelvo a mirar para atrás. Déjà vu, ya lo había vivido pero sin prestarle demasiada atención.
Veo al hombre que seguía escondido, tratando de ocultarse entre los arbustos, pensé que, tal vez, le tenía miedo a mis perras por eso no pasaba, no me adelantaba.
Sigo caminando y vuelvo a darme vuelta, miro para atrás y seguía el hombre, avanzaba escondiéndose. Me pareció extraño así que volví a hacer lo mismo varias veces. Cuando me doy cuenta de lo que pasaba, me doy vuelta y vuelvo sobre mis pasos. Voy hacia donde se encontraba el sujeto escondiéndose, camino con mis perras atadas. Corajuda dirían, inconsciente piensan otros.
El tipo se fue corriendo, agachándose como si no me diera cuenta que me estaba acechando o, nosé, «sintiéndose invisible». Lo veía correr y desaparecer entre los arbustos. Y lo único que atine a decir es «ATAQUE», a querer asustarlo con mis perras, creyendo que dan miedo (ingenua).
Sigo caminando, casi sin entender lo que pasaba y lo que debía hacer. Tirarle unas piedras se cruzó por mi mente para escarmentarlo. Voy a mi auto, veo a unas mujeres que volvían de correr pero ya se iban.
Veo a un hombre en bicicleta y lo miro fijo, tratando de reconocer si era el mismo. Me subo al auto con mis perras y decido agarrar por otro camino. Seguir por el sendero del campo, que me lleva al cementerio y de vuelta a la ciudad.
Antes había visto algo raro, una camioneta vieja que me había cruzado, tal vez nunca le había prestado atención. Estaba arriba, en uno de los caminos, estacionada.
Entonces volví y veo que esa misma camioneta bajaba para el mismo camino que yo, había un hombre adentro con sombrero. Agarro mi celular y la filmo, la sigo… El tiempo me daba justo… La filmo y comienza a acelerar, eso me pareció raro porque en general los autos van más despacio en esa zona. La pierdo de vista porque iba muy rápido. Vuelvo a casa. Pensando.
Les cuento a varias amigas, todavía sin ser consciente. Lo público. Lo cuento. Trato de comprender la situación. Recibo mensajes, algunas bromas y algunos mensajes de preocupación.
Que tenga cuidado, que no vaya más por ahí, que no me arriesgue, que no ponga en peligro mi vida, que nunca se sabe. Me pregunto: ¿alguna vez un hombre vio a una mujer escondida entre los arbustos acechándolo o mirándolo escondida?
Un loco me acechaba, seguramente ya me había visto. Hace meses que hago el mismo recorrido, me sentía tranquila. Me acechaba y yo hice mal, porque yo lo enfrente, no debía estar sola, no debía salir tan tarde, no debía porque soy mujer, porque soy débil, porque soy. Porque somos. Y el tipo va a estar ahí, va a observar a todas las mujeres, las va a seguir acechando porque tiene ese poder, las va a violar si puede porque tiene ese poder, las va a matar porque puede, porque seguramente por hacerlo va a estar preso unos años, con suerte, o unos meses, si lo agarran.
Es impune. El Estado opresor es un macho violador. El violador eres tú. Porque me obliga a mí a tener miedo y a ellos a ser impunes.
No sólo es la Educación Sexual, es el Estado que tiene acosadores, violadores, acechadores sexuales y los ampara. Son libres. Están en el poder.
Y ese tipo va a ser impune mientras haya un Estado opresor que lo permita, él si va a tener la libertad de matarme, de obligarme a parir o de enterarme para ser una cifra más. Él si va a poder volver a hacerlo, mientras yo tengo que vivir con miedo, cambiar mi camino, andar con cuidado.
P/D: Me preguntaron si hice denuncia. No la hice porque tuve más miedo de que me cuestionen o que me hagan cargo a mí de la culpa, que de resguardar mi vida. Porque eso les pasa a la mayoría de las mujeres. Si denuncian porque las golpean son culpables, silenciadas, re victimizadas.
Y escribo esto porque en este año de pandemia se han silenciado muchísimos casos de violaciones en el hogar y fuera de este. No quiero silenciar mi bronca. No quiero que ninguna mujer viva con miedo.

FERNANDEZ SOFIA

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