“Vacunas de privilegio”: los canallas no deben quedar impunes, por la “dignidad del pueblo”

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Por Nicolás Fernández

“Argentina, un país maravilloso”. Muchas veces hemos escuchado eso de bocas propias y ajenas y lo cierto es que cada vez estamos peor, dado que pese a las condiciones y recursos naturales – ese regalo de Dios – de nuestro territorio, no podemos salir adelante.

Ello tiene multiplicidad de causas y podemos hacer un decálogo de aquellas de las que no somos necesariamente responsables y un centenar de las que necesariamente nos tenemos que hacer cargo sólo nosotros.

Es cierto que el gobierno anterior fue un verdadero desastre, es cierto que los índices de pobreza marginalidad, desempleo, endeudamiento y etc. etc., son una clara evidencia de que el país que tomo el actual gobierno no era justamente, un país para avanzar a pasos agigantados. La deuda externa y la herencia perversa, fueron elementos no fáciles de superar.

Para colmo de males, la “pandemia maldita” puso al mundo de rodillas, se perdieron millones de vidas y los contagios subían en forma geométrica, frente al terror de la ciudadanía.

Luego la discusión por la calidad y eficiencia de las vacunas donde los centros hegemónicos demonizaban la vacuna Rusa por razones que no son tan difíciles de explicar, hasta que finalmente ante las tremendas evidencias solo quedo rendirse.

Cuando todo ello parecía un paso importante para abordar el mecanismo que pudiera cumplir con todas las demandas de la ciudadanía, surgieron un listado de miserables, quienes bajo una innumerable cantidad de escusas, todas inmorales, pusieron su privilegio y su influencia por encima de la vida de miles de ancianos y personal de la salud, que todavía no pudieron recibir su dosis y esperan que la muerte no los abrase antes de ello.

Los miserables

¿Se puede ser tan miserable? No me refiero solo a los funcionarios nacionales, que ni siquiera llegan al asco; me refiero a cientos de funcionarios provinciales y municipales que acudiendo al “sálvese quien pueda”, se “colaron en la fila” y lograron inmunidad frente a la pandemia.

Podrá calificarse de una payasada, se podrá decir que es una
exageración de los medios, pero la verdad que en esto la única verdad es la realidad y frente a ello debiera el Sr Presidente actuar con la misma firmeza que actuó al momento de desatarse el escándalo.

Política del descaro

No puede la “clase política” en Argentina ser tan descarada. No se puede ser tan ruin en la vida, mientras ellos festejan en sus domicilios haber “zafado” del Covid- 19, muchos compatriotas mueren y morirán sin recibir la vacuna. No es justo, no es ético, no es perdonable que eso suceda en un país como el nuestro.

Los “dictadores” se consideraron siempre la “reserva moral” del país y en base a ese argumento aniquilaron mucha gente del “Pensamiento Nacional” con la clara intención de borrar al Peronismo de la faz de la tierra. El ´55 y el ´75-´76, son una clara evidencia.
Hoy, bajo otras prácticas los que dicen defender las ideas más “sagradas”, que son las que representan a los más necesitados, cayeron en prácticas que pueden hermanarse con la de los “genocidas”; dejaron sin defensa a miles y miles de ciudadanos que sin privilegio alguno están a la espera de que el Estado provea las vacunas. Miles de trabajadores de la salud, hoy están “desarmados” para hacer frente al combate del Covid-10.
Eso es pues esos denominados dirigentes no están a la altura de lo que demanda la argentina de hoy.

Este artículo, como otros, generará críticas de quienes, desde una posición social y política privilegiada, pretende permanecer en el anonimato antes que ser “escrachados” por la ciudadanía toda. Pero debo decirles, que me da tanto asco, que no puedo menos que hacerles saber que los condeno por inmorales y que califico lo que han hecho como una conducta tan canalla como impropia del lugar que ocupan.
Le toque a quien le toque, no se puede en estos casos ser tan ruin. No dejemos que todo sea lo mismo, no permitir que esto quede impune, es parte de lo que debemos hacer para soñar con un futuro mejor y sentirnos más dignos.

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