Un impuesto inexplicable

Comodoro Rivadavia es sin dudas una ciudades mas importantes de la Patagonia, y es uno de los lugares de paso ineludibles hacia el sur; la puerta a Santa Cruz.

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Tiene el único aeropuerto cercano que conecta la Zona Norte de Nuestra provincia hacia el país y además un transito intenso por la ruta nacional 3.
De alguna manera, a lo largo del siglo pasado y el presente, pasar por Comodoro Rivadavia es indispensable para los santacrueños.
La ciudad Chubutense ha crecido junto al desarrollo petrolero y miles de personas transitan el “ida y vuelta” a Santa Cruz de manera invariable.
Pero por alguna razón, esa ciudad en desarrollo tiene déficit inexplicables; uno de ellos se puede comprobar en su Terminal de Transportes. Por allí pasan miles de pasajeros que mayoritariamente llegan a la Terminal y la transforman en un sitio indispensable.
Pero la realidad, es que es edificio deteriorado y carente de cualquier servicio básico “aceptable” tiene desde hace algunos años una “penalidad extra” para los santacruceños que llegan allí. Un “impuestos” al uso de sus instalaciones para quienes viajan.

La excusa del gravamen

Tal vez, a fuerza de la imposición ya nadie pregunta porque además del “pasaje” que se compra a las empresas que ofrecen servicios en la terminal de Comodoro, tienen que pagar un adicional.
Se trata del TUT ( Tasa de Uso de la Terminal) algo absurdo desde cualquier punto de vista y sobre todo arbitrario a la vista de quien no recibe por ese pago, ninguna contraprestación.
No sólo eso, en el interior de ese edificio deteriorado y carente de mantenimiento, existen un sistema de restricciones inexplicables.
Un ejemplo de esto se da los fines de semana, en los cuales, en horas de la mañana está “prohibido ingresar” aunque uno tenga el pasaje comprado; o la imposibilidad de acceder a las dársenas interiores sin antes ser autorizados por la policía.
Los sectores sanitarios son “inmundos”, y la mayoría de las veces no hay agua; y el sector de espera, esta cercado en un corralito improvisado y sectorizado en un par de banquetas viejas y amontonadas.
Esto no es nuevo. Si bien durante la Pandemia se entendía algunas formas un tanto extravagantes para transitar el lugar; y es claro que el ingreso al edificio era “prohibido”; pasada la emergencia sanitaria muchas de las medidas se profundizaron al punto cerrar todos los accesos y colocar policía para verificar si quien intenta ingresar tiene pasaje que justifique su entrada.

No se hizo nada

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En el 2014, la municipalidad de Comodoro Rivadavia aprobó una ordenanza para cobrar una “tasa de embarque” en terminal.
De este modo, quienes debían embarcar en la Terminal de Omnibus “Tte. Gral. Angel Solari” debían pagar un nuevo impuesto, que incluiría a todos aquellos pasajeros que viajen a más de 50 kilómetros. Es decir, que abarcaría a todos los viajes desde esa ciudad hasta cualquier destino de Santa Cruz.
En ese momento se explicó que la tasa municipal, tenía su origen en diversas iniciativas que buscaban generar un ingreso para el sostenimiento y modernización del edificio.
Había obras en curso, y se buscaba como financiarlas; la opción obvia: crear un impuesto a los pasajeros.
La primera opción fue generar un gravamen a las empresas que prestaban y ofrecían servicios dentro de la Terminal; pero claramente las firmas del sector no estaban dispuestas a pagar nuevos impuestos. Así es que la segunda opción era evidente: que pague el pasajero,
Pero la condición para que las empresas “saltearan” el impuesto y se lo trasladaran a los “pasajeros”, era que estas se lo cobraran; aunque aduciendo que era una imposición municipal.
Esta medida generó algún malestar entre los operadores de las empresas de transportes, pero luego con la aprobación de la ordenanza ya no hubo marcha atrás.
De este modo, el 1 de agosto de 2014 comenzó a aplicarse el gravamen en todos los pasajes que superaban los 50 kilómetros de distancia, con un valor de fijo de 120 módulos, que a precios de la época rondaban los 6 pesos.
Las transportistas oficiaron a partir de entonces de “agente de retención de dicha tasa”, de la que percibían un 10 por ciento.
La excusa y fundamentación del momento fue esta: “Los dineros que ingresen al erario municipal comodorense a partir de este tributo alimentarán un fondo de afectación específica a obras de mantenimiento y mejoras en la terminal de la ciudad”.
Pero un testimonio de la época, publicado por el diario La Prensa de Santa Cruz, revelaba no sólo el malestar, sino también las “mentiras” sobre las cuales se había montado la implementación del gravamen a los pasajeros de nuestra provincia.
“Desde transportes Don Otto se mostraron molestos por la medida: Con la tasa de embarque a $6, que las empresas tenemos que cobrar, administrar y entregar a la Municipalidad, nos convierte en empleados del Estado. Las ordenanzas ya están y entran en vigencia mañana (2 de agosto de 2014). La idea inicial era que se hicieran remodelaciones en la Terminal antes de ponerla en funcionamiento. Y la terminal y sus servicios son un desastre, calificó, sosteniendo que “los que vamos a tener que poner la cara somos nosotros”, decía el testimonio de agenciero cuando se implementó la medida.
Pasaron los años, y ese impuesto aún esta en vigencia, mientras que no sólo no se ve ninguna obra de mejoramiento o modernización, sino que el edificio es una vergonzosa muestra de abandono.

Pagar por nada

La Ordenanza Nº 11506/14 creó la Tasa de Uso de la Teminal (TUS) para las “todas las personas que utilicen como punto de partida de Larga Distancia a ésta”.
Se determinó que “el hecho imponible se perfecciona por la utilización de las instalaciones de la Terminal de Ómnibus de Comodoro Rivadavia y posterior embarque, con el aprovechamiento de los Servicios de Limpieza, mantenimiento y seguridad brindados, a todos los pasajeros de larga distancia que tenga como punto de partida la Ciudad de Comodoro Rivadavia”. Luego obligaban a “las Empresas de Transportes de Larga Distancia que expendan Boletos cuya salida de origen sea la Terminal de Ómnibus de Comodoro Rivadavia, deberán inscribirse como agentes de percepción, debiendo cumplir con las responsabilidades que establece el Código Tributario Municipal”.
El cobro del gravamen se acredita, adosando un “bono” numerado y con el valor impuesto, cosa que pueden comprobar cualquiera que tome un colectivo en la terminal con rumbo a Santa Cruz.
Claramente, cada municipio del país tiene la autonomía para generar las legislaciones que crean mas convenientes y sobre todo, aquella que representen un beneficio para sus contribuyentes. Eso no esta en tela de juicio. Pero a la luz de los resultados de este “impuesto al uso”, que tenía como fin “mejorar una prestación de servicio”; la medida no solo fue ineficaz, sino que sus efectos y resultados resultaron inútiles. A su vez, queda en evidencia que el “contribuyente”, en este caso, los santacruceños que viajan hasta y desde Comodoro Rivadavia, no reciben ningún beneficio; es más, se les niega sistemáticamente el uso de las instalaciones.
En la actualidad, en el ingreso del área de embarque está apostado un policía de la provincia de Chubut que impide el acceso a las dársenas. Luego, el agente de policía; oficia de “vocero de los colectivos que ingresan o egresan, dando aviso de los arribos y las partidas. Todo esto ocurre en un edificio donde los baños son una mugre, los sectores de descano están hacinados, y los alrrededores de la terminal carecen de espacios debidamente acondicionados.
En definitiva, el impuesto a los pasajeros santacruceños sigue vigente, sólo para recaudar por un servicio que no se presta. Un tema del que nadie habla.




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