Por Karin Hiebaum de Bauer

Los acosadores o matones pueden convertir algo tan sencillo como ir a la parada del autobús escolar o un recreo en una verdadera pesadilla para un niño. El acoso puede dejar heridas emocionales profundas. Y en casos extremos, puede incluir amenazas violentas, daño a la propiedad o lesiones graves.

Si su hijo está siendo víctima de acoso, debe actuar para ayudar a detenerlo, si es posible. Puede ayudar a su hijo a hacer frente a las burlas, el acoso y los rumores maliciosos y atenuar su impacto. Y aun cuando el acoso no sea un problema en su casa o en su familia en este momento, es importante que converse sobre el tema para que sus hijos estén preparados si llegara a ocurrir.

¿Cuándo se trata de acoso?
La mayoría de los niños son víctimas de burlas de un hermano o un amigo en algún momento. Y esto no suele ser malo si se hace como un juego, amablemente y de forma recíproca, y a ambos niños les parece gracioso. Pero cuando las burlas o bromas son hirientes, crueles y constantes, cruzan la delgada línea que las convierte en acoso (o bullying) y es necesario detenerlas.

Cuando hay acoso, los pares usan métodos físicos, verbales o psicológicos para atormentar a otra persona, aprovechando un desequilibrio de poder real o imaginario entre el acosador y su víctima. El acoso puede ir de golpear, empujar, insultar, amenazar y burlar hasta obtener dinero o posesiones por medio de amenazas. Algunos niños acosan a otros dejándolos de lado y haciendo correr rumores sobre ellos. Otros usan las redes sociales o los mensajes electrónicos para burlarse de un niño o herir sus sentimientos.

Es importante tomar el acoso en serio y no restarle importancia pensando que los niños deben hacerse fuertes para aprender a enfrentarlo. Los efectos pueden ser graves y afectan la sensación de seguridad y la autoestima de los niños. En los casos graves, el acoso o bullying ha contribuido a que ocurran tragedias, como suicidios y tiroteos en las escuelas.

¿Por qué los niños acosan a otros?
Los niños acosan a otros por una variedad de motivos. A veces, escogen a un niño porque necesitan una víctima (una persona que parece emocional o físicamente más débil, o que simplemente actúa o se ve diferente) para sentirse más importantes, populares o en control de la situación. Si bien algunos niños son más grandes o más fuertes que sus víctimas, esto no siempre es así.

En algunos casos, los niños atormentan a otros porque esa es la forma en la que han sido tratados. Es posible que crean que su conducta es normal porque vienen de familias o de entornos en los que son habituales el enojo, los gritos y los insultos. Algunos programas de televisión muy vistos incluso parecen promover la maldad: las personas son “eliminadas”, dejadas de lado o ridiculizadas por su aspecto o su falta de talento.

¿Cuáles son los signos del acoso?
A menos que su hijo le hable del acoso (o que tenga lesiones o moretones visibles), puede resultar difícil saber lo que está ocurriendo.

Pero existen algunas señales de advertencia. Tal vez los padres noten que los niños:

actúan de manera diferente o parecen estar ansiosos
dejan de comer, no duermen bien o no hacen las cosas que solían disfrutar
parecen de mal humor o se enojan con más facilidad
evitan ciertas situaciones (como tomar el autobús de la escuela)
Si sospecha que su hijo es víctima de acoso, pero el niño no quiere abrirse, busque maneras de sacar el tema. Por ejemplo, tal vez vean una situación en un programa de televisión y pueda preguntarle: “¿Qué te parece eso?” o “¿Qué crees que debería haber hecho esa persona?”. Esto podría dar lugar a preguntas como las siguientes: “¿Alguna vez viste que ocurriera algo así?” o “¿Alguna vez te pasó algo así?”. Podría hablar sobre experiencias que usted o alguien de su familia hayan tenido a esa edad.

Hágales saber a sus hijos que si son víctimas de bullying o acoso (o si ven a alguien que es víctima), es importante que hablen con otra persona sobre eso, sin importar si hablan con usted, otro adulto (un maestro, un consejero escolar o un amigo de la familia) o un hermano.

¿Qué pueden hacer las familias?
Si su hijo le dice que está siendo víctima de acoso o bullying, escúchelo con calma y ofrézcale apoyo y comprensión. A los niños les suele costar hablar con los adultos sobre el acoso porque se sienten avergonzados o tienen miedo de que sus padres se sientan decepcionados, enojados, tristes o reaccionen mal.

A veces, los niños sienten que es su culpa y que si hubiesen actuado de otra forma o se vieran de otra manera, esto no estaría ocurriendo. En algunos casos, tienen miedo de que si quien los acosa se entera de que lo han contado, todo empeore. Otros niños están preocupados porque tal vez sus padres no les crean o no hagan nada al respecto. Quizás los niños teman que sus padres les digan que se defiendan cuando ellos tienen miedo de hacerlo.

Felicite a su hijo por hacer lo correcto: hablar con usted sobre el acoso que recibe. Recuérdele que no está solo, porque muchas personas son víctimas de acoso en algún momento de su vida. Explíquele que quien se está comportando mal es quien lo acosa, no su hijo. Tranquilice a su hijo diciéndole que entre los dos pensarán cómo resolver la situación.

En las encuestas, la mayoría de los niños y adolescentes dicen que en la escuela hay casos de acoso o bullying. Informe de la situación a alguien de la escuela (el director, el enfermero, un consejero o un maestro). Con frecuencia, ellos pueden prestar atención y tomar medidas para prevenir más problemas.

Los términos “acoso” o “bullying” pueden describir una gran variedad de situaciones; por lo tanto, no existe un enfoque único. Lo que resulta útil en una situación podría no serlo en otra. El mejor curso de acción depende de muchos factores, como la edad de los niños involucrados, la gravedad de la situación y el tipo específico de conductas abusivas.

Tome en serio a su hijo si le dice que el acoso empeorará si el acosador se entera de que se lo ha contado o si ha recibido amenazas de daño físico. A veces, resulta útil acercarse a los padres del acosador. Pero en la mayoría de los casos, lo más conveniente es ponerse en contacto con los maestros o los consejeros antes. Si ya ha intentado estos métodos y aún desea hablar con los padres del acosador, lo mejor es hacerlo en un ámbito donde pueda contar con la mediación de un empleado de la escuela (como un consejero).

La mayoría de las escuelas tienen políticas y programas contra el acoso o bullying. Además, en muchos estados existen leyes y políticas contra el acoso o bullying. Obtenga información sobre las leyes vigentes en su comunidad. En algunos casos, si está preocupado por la seguridad de su hijo, tal vez deba comunicarse con las autoridades.

Consejos para niños
Los padres pueden ayudar a sus hijos a aprender a lidiar con el acoso o bullying si este ocurre. Algunos padres o cuidadores se sentirán tentados de decirle al niño que se defienda y contraataque. Después de todo, está enojado porque su hijo está sufriendo y tal vez, cuando era joven, le dijeron que “debía defenderse”. O tal vez tenga miedo de que su hijo continúe siendo víctima de acoso y crea que contraatacar sea la única forma de poner al acosador en su lugar.

Pero es importante aconsejarles a los niños que no respondan al acoso contraatacando o golpeando al acosador. Esto puede hacer que todo se vuelva más violento, cause problemas y alguien salga lesionado. Por el contrario, lo mejor es alejarse, quedarse con otros niños e informar a un adulto.

A continuación, se incluyen algunas maneras en las que los niños pueden mejorar la situación y sentirse mejor:

Contarle a un adulto. Los profesores, los directores, los padres y el personal del comedor pueden ayudar a frenar el acoso.
Evitar al acosador y usar un sistema de apoyo basado en la amistad. Usar otro baño si el acosador está cerca y no ir a los casilleros cuando no haya nadie cerca. Asegurarse de estar siempre acompañado para no estar a solas con el acosador. Estar siempre con un amigo en el autobús, los corredores o en los recreos; en todos los lugares en los que esté el acosador. Ofrecerse a hacer lo mismo por un amigo.
No dar rienda suelta al enojo. Es normal sentirse enojado por un acosador, pero eso es lo que los acosadores buscan. Los hace sentir más poderosos. Es necesario practicar no reaccionar llorando, ni enojándose. Lleva mucha práctica, pero es una habilidad muy útil para salir del radar de un acosador. A veces, a los niños les resulta útil poner en práctica estrategias para “tranquilizarse”, como contar hasta diez, escribir las palabras que les surgen por el enojo, respirar profundamente o alejarse. Otras veces, lo mejor que puede hacer es enseñarles a sus hijos a demostrar calma con su rostro hasta que pase el peligro (sonreír o reírse puede ser una provocación para el acosador).
Actuar con valentía, alejarse o ignorar al acosador. Decirle clara y firmemente al acosador que se detenga y luego alejarse. Poner en práctica formas de ignorar los comentarios hirientes, como no demostrar interés o enviar mensajes de texto por el teléfono. Ignorar al acosador es una manera de demostrar que no nos importa. Es probable que, en algún momento, el acosador se canse de intentar acosar a esa persona.
Hablar sobre ello. Hablar con una persona de confianza, como un consejero, un maestro, un hermano o un amigo. Tal vez ofrezcan sugerencias útiles. Aun cuando no puedan resolver la situación, pueden ayudar al niño a no sentirse tan solo.
Generar confianza
Ser víctima de un acosador puede dañar la confianza de un niño. Para ayudar a regenerarla, anime a sus hijos a pasar tiempo con amigos que sean una influencia positiva. Participar en clubes, deportes u otras actividades que su hijo disfrute ayudan a fortalecer al niño y a hacer amigos.

Esté siempre listo para escuchar a su hijo en las situaciones difíciles, pero anímelo a contarle también sobre los momentos buenos del día y escuche atentamente para que la comunicación abierta se convierta en un hábito para todos. Asegúrese de que sus hijos sepan que les cree y que usted hará todo lo posible para hacer frente a cualquier tipo de acoso o bullying.

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