CLAVES DE LA EDUCACIÓN

Karin Silvina Hiebaum – International Press

Hace décadas que los científicos entienden cómo aprendemos, pero esos conocimientos no han pasado a la comunidad educativa

Deja ya de elogiar al niño y… ¡ayúdalo a equivocarse!

El aprendizaje en una habilidad que los seres humanos desarrollamos continua y constantemente. De pequeños nos guían para que podamos movernos y comunicarnos, pasamos años estudiando ciencias y humanidades, leemos, nos preparamos para un trabajo, e incluso en nuestro tiempo libre nos interesamos por alguna actividad, sobre la que cada vez sabemos más. Todo eso es aprendizaje. Es una constante a lo largo de la vida, y se puede potenciar con algunas técnicas

Podemos pensar que la capacidad de aprender depende en gran medida de la inteligencia de cada persona, pero esto no es completamente cierto. El niño más listo de la clase no tiene por qué ser siempre el que saca las notas más altas. Además de estas diferencias innatas, hay otros factores que influyen en los resultados del aprendizaje.

El primero son las diferencias ambientales, los conocimientos previos de cada uno. Es decir, lo que aprendemos gracias a nuestro entorno fuera de la formación académica. Cuando nos llegan nuevos contenidos, nuestro cerebro conecta estos con cosas relacionadas o parecidas, para asimilarlos mejor. Por eso, cuanto más sabemos, más fácil será para nosotros aprender. Y si desde pequeños acumulamos y consolidamos conocimientos, con el tiempo nos volvemos mejores aprendientes.

Pero aún más importantes que este factor son las estrategias que usamos a la hora de aprender. Héctor Ruíz, experto en psicología cognitiva y autor de ‘Aprendiendo a aprender’ (Vergara, 2020), explica que existen diversas técnicas avaladas por la psicología que ayudan a que el aprendizaje sea duradero y profundo, y que si se aplican correctamente pueden hacer desaparecer las diferencias innatas. “Toda habilidad tiene sus técnicas y, conociéndolas, cualquiera puede sacar el máximo potencial a sus capacidades.”

El problema de estas estrategias, según Ruíz, es que no son nada intuitivas. Los estudiantes, con años de trabajo académico, pueden llegar a acercarse a métodos que funcionen, pero la mayoría no lo hacen. Al autor le gusta ejemplificar este fenómeno con el caso del salto de altura: “Está comprobado que la técnica más eficiente para esta prueba es saltar de espaldas, pero esto no era así antes de que lo hiciera Dick Fosbury en las olimpiadas del 68. Cada uno saltaba como creía que lo hacía mejor. Porque esta no es una forma de saltar instintiva, requiere mucho entrenamiento, pero se obtienen mejores resultados”.

Los profesores no saben que existen técnicas para entender cómo aprendemos

Experto en psicología cognitiva y autor de ‘Aprendiendo a aprender’
Es por eso que, para aprender a aprender, se necesita una guía. “Lógicamente, un buen sitio para que se enseñen estas técnicas es la escuela, porque el objetivo principal es aprender.” Pero actualmente esto no suele ocurrir. “En realidad, nadie tiene la culpa de esto, y a la vez la tenemos todos. Por algún motivo, aunque hace décadas que los científicos entienden cómo aprendemos, estos conocimientos no se han transmitido a la comunidad educativa. Y si los profesores no saben que existen estas técnicas, no las pueden enseñar.”
Pese a este problema estructural, estas estrategias están ahí y nunca es tarde para aprenderlas e incorporarlas en nuestras rutinas. Siguiendo las claves de este experto, veremos que tanto las horas de estudio como cualquier actividad formativa serán poco a poco más productivas.

En primer lugar, debemos organizarnos y crear un buen ambiente. “Tenemos muy interiorizada la idea de que cada uno tenemos un estilo de estudio que nos permite aprender mejor, cosa que es científicamente incorrecta. Confundimos cómo nos gusta pasar el rato de estudio con cómo hacer que nuestro esfuerzo sea más productivo.” Es por eso que deberíamos hacer un esfuerzo y apartar las distracciones sin más excusas. Estudiar con la tele de fondo no es buena idea, y tener el móvil a mano, con notificaciones sonando, tampoco.

Apartar distracciones
El primer paso, crear un buen ambiente
Pero el caso de la música, expone Ruíz que es más complicado y depende de la situación de cada uno. “Siempre es mejor el silencio, la música es un distractor. Pero si no puede ser, porque hay obras o más gente trabajando en casa, la música ayuda a taponar un ruido peor y es más fácil ignorarla”. Si optamos por esta solución, debemos procurar que sea música relajante y sin letra, o al menos que esté en un idioma que no entendamos.

Una vez construido un espacio tranquilo, el siguiente paso es organizar las sesiones de estudio con antelación. Es importante dividir el temario y repartirlo en sesiones separadas, para no sobrecargarnos de trabajo. Esta distribución puede reajustarse según lo que consideremos necesario: si un tema nos parece muy denso, podemos dejar una parte para la siguiente sesión; o si aprendemos algo con mucha rapidez, podemos aprovechar y adelantar trabajo. Y estas sesiones tampoco deberían ser intensivas. “Si uno se tiene que concentrar, necesitará hacer pausas. Los descansos no deben ser más largos que el tiempo de estudio, pero ahí si se puede escuchar música, chatear, o ver algún vídeo en Youtube. Que sirvan para recompensarse antes de volver a estudiar”.

¿Y cómo debemos emplear el tiempo que sí está enfocado al estudio? Aunque creamos que subrayar, releer y copiar nos ayuda en algo, lo cierto es que son técnicas poco eficaces. “El método memorístico no funciona, como mucho servirá para aprobar un examen, y dependiendo de cómo esté diseñado”. Y esto es un inconveniente si buscamos un aprendizaje duradero. Si hacemos caso a la psicología cognitiva, el sistema evaluativo está organizado de manera que arrastra a memorizar conceptos y masificar el estudio, ya que el objetivo es aprobar un examen final.

Estrategias elaborativas
Pensar en lo que estamos aprendiendo
“Una solución sería pasar a una evaluación formativa que se realice continuamente como parte del proceso, que ayude a ver los puntos fuertes y débiles de cada aprendiente, y que permita mejorar de cara a la siguiente evaluación. Normalmente no podemos hacer eso; si lo has hecho mal, se cambia de tema y así se quedan las notas”, dice Ruíz, que ha sido asesor educativo de diversos gobiernos y organizaciones. “Esta evaluación distinta también nos ayudaría a promover formas de estudiar más eficaces.”

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Lo que aprendemos gracias a nuestro entorno fuera de la formación académica influye en los conocimientos que adquirimos en la escuela EP
Las técnicas a las que se refiere son las estrategias elaborativas. A grandes rasgos, esto significa que asimilamos mejor la información cuando dedicamos tiempo a pensar en lo que estamos aprendiendo. Por esto, es mejor si a la hora de estudiar hacemos nuestros propios resúmenes, esquemas o flashcards. O explicar el tema en voz alta, siempre sin mirar el libro o los apuntes. Y una vez acabamos, comprobar que nuestras respuestas sean correctas.

En general, es un buen método cualquier cosa que nos lleve a practicar la evocación. Es decir, acceder a nuestros conocimientos para comprobar que los hemos aprendido. Si nos saltamos este paso en el estudio, nada nos asegura que, llegado el momento de necesitarlo, seamos capaces de recordar lo que queremos.