
El paro de ADOSAC que interrumpió el ciclo lectivo dos semanas fue una «escaramuza» de la Izquierda provincia , los desesperados pedidos de peronistas para que se convoquen a internas partidarias en el PJ no son más que anhelos infundados; la aparición de «partidos fantasmas» y la falsa seguridad de La Libertad Avanza (LLA) respecto a que obtendrá al menos una banca cuando ni siquiera está reconocido oficialmente como partido en la provincia; o la estrategia radical (UCR) de no levantar el perfil para no recibir críticas anticipadas a su eterno comportamiento corporativo, son algunas de las señalas que confirman que el sistema político de Santa Cruz se desintegra.
Aunque asegurar que “crujen las viejas estructuras partidarias” pareciera aventurado; esto está ocurriendo en la realidad. Ocurre que ese desconcierto y desorganización solo subyace, solo se percibe hacia adentro. Hacia afuera de lo que es el “establishment” político, lo que se percibe es un silencio casi sepulcral.
Es que en la provincia de Santa Cruz se está dando un fenómeno extraño: los políticos no hablan de política.
No hablan de política en términos propositivos o prácticos; no hablan de política en términos dogmáticos o ideológicos; y lo más asombroso: no hablan de política en términos partidarios.
Este silencio es uno de los tres síntomas de la descomposición del sistema partidario o estructuras políticas tradicionales que por tres décadas «organizaban» el discurso, los balances de poder y repartían el juego en cada elección.
Los otros dos síntomas son la falta de lealtades y la falta de iniciativa.
Gatopardismo y quintas columnas
Transitando el mes de abril, en un año electoral con una votación trascendente, es sintomática la falta de claridad en términos partidarios.
Como cada elección de «medio término», su resultado recompondrá los espacios de representación en el Congreso y virtualmente será un «test» para la aprobación, o no de las gestiones Ejecutivas.
Pero esas fuerzas políticas que en la provincia supieron movilizar militantes o generar interés ya sea en busca de validar o de revertir posicionamientos; están absolutamente dispersas, confundidas y con dirigencias altamente cuestionadas.
Los viejos analistas políticos definirían este momento con dos conceptos propios del siglo pasado – precisamente del siglo donde se gestaron los partidos que hoy se desintegran – Gatopardismo y Quintas Columnas.
El primero de estos términos refiera a la falta de identidad real que supone adaptar discursos posturas y hasta dirigencia para conseguir continuidad.
Sin entrar en detalles «gatopardo» es el nombre de una novela escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa que cuenta la historia de una familia noble privilegiada que a lo largo de los años se sostiene en el poder entre fines del siglo XIX y principios del XX. Esta historia, como la obra de Maquiavelo «El Príncipe» que derivó en estereotipos políticos, fue usada para describir a la clase política (la famosa Casta) que intenta adaptarse a los sociales para mantener su posición de privilegio. Esto claramente en Santa Cruz está ocurriendo; lo viejo que quiere verse como nuevo a cualquier precio.
A su vez se puede identificar claramente a «Quintas Columnas»; esos personajes que se «infiltran» dentro de los que fueran espacios políticos de referencia para menoscabarlos.
En este caso, el concepto proviene de la Guerra Civil española donde las «infiltraciones» de ambos bandos (Republicanos y Nacionales) fueron, lejos de los campos de batalla, una «guerra paralela» y también destructiva.
Claramente, las viejas estructuras partidarias de Santa Cruz asumieron que necesitarán de «todos» y bajaron sus expectativas y el purismo ideológico. Como dicen que decía el General Perón: los ranchos se construyen con bosta y barro». Es así que para «sumar» abrieron las puertas a todos los que tuvieran alguna pretensión, aspiración o ambición política. Ya no piden carnet de afiliado, ni preguntan a quien votaron la última elección, la idea es «juntar gente» y en ese rejunte ya se puede identificar a varios «quinta columna».
El «libretito» de la «Izquierdita»
El Partido Obrero, el Polo Obrero; el Movimiento al Socialismo, o la denominación Frente de Izquierda, ensaya sus típicos discursos de barricadas y aprovechando el conflicto salarial de los maestros intenta dirimir liderazgos que catapulten candidatos.
Esta no es solo una apreciación u opinión, esto es lo que claramente se puede comprobar en los organismos de difusión de la Izquierda santacruceña en donde desde hace más de dos meses el único tema de sustento es la supuesta «Lucha docente».
A nadie escapa que desde hace décadas el principal gremio docente de la provincia (ADOSAC) esta «copada» por la izquierda, que incluso es parte de la estructura de las movilizaciones cuando «faltan» los docentes para marchar.
Este es el clásico «libretito» de la izquierda que vive su «revolucióncita» en Santa cruz desde hace décadas; obviamente sin conseguir nada.
Solo hay que recordar que, en sus dos versiones, en la última elección no lograron ni arrimarse a los 2 puntos.
El Frente de Izquierda 1660 votos (1,01 %) y el MAS con 246 votos, (0,15).
Pero esta paupérrima performance política ni siquiera les hace replantearse cuál es su relación con los santacruceños. Es que la «izquierdita» santacruceña es una «casta, dentro de la casta». Son siempre los mismos y tiene privilegios; al menos de ser los eternos candidatos; con perfil y la exposición pública que les otorga la visibilidad en los conflictos.
En este caso, ni la ideología, ni la metodología los salva: es la diminuta representación de «todo lo viejo». Tal vez por esto, en la descomposición del sistema político de Santa Cruz, su atomización pasará inadvertida.
Demasiado poco, demasiado tarde
Está claro que el partido Justicialista (PJ) perdió la identidad hace décadas.
Pese a ser concebido como un «Movimiento» que les facilitaba «mutar, cambiar y disfrazar ideologías», permitiéndoles sobrevivir a la muerte del General Perón, el estadio en el que se encuentra ahora, es la misma «nada». Al menos en Santa Cruz.
Incluso el «Kirchnerismo» más reciente o la tentativa de un «Cristinismo» están en decadencia. Obviamente, si se le pregunta a algún dirigente o referente lo va a negar; pero aquella «base histórica» (principalmente empleados estatales) ya no quieren saber nada con embanderarse. Los más enojados dicen que fueron «usados» y «abandonados» los más nostálgicos recuerdan las épocas de «El Lupo» y reconocen que es muy difícil repetir aquellas «glorias»: Todos coinciden en que ya nada volverá a ser igual.
Ocurre que luego de tres décadas respetando las ordenes de la familia Kirchner que manejaba con mano de hierro las internas, impedía disidencias y perseguía a quienes intentaban disputarle espacios de poder por dentro del Partido; el PJ de Santa Cruz quedó detonado.
Esta estructura «autócrata» impidió por años que se gestaran nuevos liderazgos; que se escucharan ideas nuevas y sobre todo que alguien se «animara a construir» algo nuevo desde adentro.
Toda la dirigencia K, de Santa Cruz que sacó a empujones a los «viejos peronchos» de las Casas Peronistas de cada localidad y que luego «copó y cerró» toda la estructura partidaria; ahora está escondida. ES cierto que en las últimas elecciones muchos salieron a hablarle a esos «viejos compañeros» pudiendo recuperar la mística. Pero no convencieron a nadie. Ni los discursos peronizadores de los candidatos Pablo Grasso o de Javier Belloni pudieron esconder que, atrás de ese seductor mensaje peronista estaba el Kirchnerismo y que lo único que se perseguía era no «perder el poder».
Sacaron 71.952 votos usando todo el aparato, el dinero y las presiones (estaban en el Poder con Alicia Kirchner) y alcanzaron un 43,71 por ciento. Los casi 6 mil votos «peronistas» que les faltaron se habían ido para el partido SER, que finalmente se hizo con la gobernación.
Nada quedó en pie de esa mega estructura que fue la versión Santacruceña de Unión por la Patria. Tampoco está claro quien conduce más allá del sello partidario.
Grasso, desde la intendencia de Río Gallegos quiere una revancha, dice que no le preocupa Cristina y está dispuesto a apoyar a candidatos radicales; solo para «molestar al gobernador Vidal.
Belloni, desde la intendencia de El Calafate es más cauto y ni se le pasa por la cabeza decir algo de «la Jefa». Sabe que, aunque este «contra las cuerdas» Judiciales, con dos condenas y con la posibilidad de que la Corte Suprema le amplíe la pena; Cristina es capaz de cualquier cosa; incluso ser candidata por Santa Cruz. Todo es posible en la dimensión desconocida del PJ santacruceño.
Es cierto que la ex presidente ya mandó a su «empleado favorito» Pablo Gonzáles a sondear el terreno y hablar como candidato; pero sabe que si hay un personaje de la política odiado por los santacruceños es el ex CEO de YPF.
Y luego está Daniel Peralta; el ex gobernador y actual diputado que tiene «mil batallas» en la política y que no se iba a perder esta. Con las Primarais Abiertas y Simultáneas (PASO) suspendidas para esta elección, los partidos están casi obligados a llamar a internas. Pero no es una obligación «moral» es más bien un acto de supervivencia; si no se pone en juego un liderazgo real, sin una representación legitima lo más seguro es el fracaso. Y en Santa Cruz, el PJ carece de liderazgos genuinos – siempre colocados a dedos por la familia Kirchner – y no hubo recambio en la dirigencia. Esto gracias a la «Quinta Columna» de La Cámpora.
Ahora, el partido que supo tener la hegemonía desde 1983 en la provincia; que concentró poder y gestó al Kirchnerismo llevándolo a tener un control absoluto tres décadas en Santa Cruz y dos décadas a nivel nacional, esta vació, acobardado y sin mensaje claro a los ciudadanos. Como la Izquierda, tiene un «libretito» que es criticar al gobierno provincial. En síntesis: demasiado poco para construir una alternativa; demasiado tarde para cambiar, renovarse y ser una alternativa.
Un prolongado adiós
El caso de la Unión Cívica Radical en Santa Cruz en Santa Cruz es paradójico. Nunca se consolidó como una real alternativa de poder y cuando tuvo la oportunidad, pareció jugar a perder.
Pero si nos centramos en sus últimos años y en sus últimas performances electorales podemos comprobar como la degradación estructural del denominado «centenario partido» fue gradual, constante y en un solo sentido: siempre ofició de partner.
Con el arribo de Eduardo Costa como referente de la oposición, parecía que le hegemonía K en la provincia comenzaría a desdibujarse. Pero lejos de gestar un liderazgo indiscutido desde la UCR, las constantes internas derivaron en triunfos que no alcanzaron a desbancar a los Kirchner del poder. Es que los radicales son expertos en «internas» y parecieron siempre conformarse con ser «oposición». Este no fue un fenómeno sólo santacruceño. sino que se pudo comprobar a lo largo de la evolución del sistema político nacional.
Aunque algunos resultados electorales los acompañaron y en un momento se posicionaron como alternativa en Santa Cruz; la derrota del 2019, expuso la fragilidad de las alianzas opositoras provinciales.
Luego llegó la elección del 2023, donde apenas sacaron 14.064 votos alcanzando un magro 8,54 por ciento.
Con Costa fuera de la grilla de candidatos y con una Roxana Reyes que venía de intentar constituirse como la «principal» o «única» figura representativa radical, lo que ocurrió era inevitable. Esto se explica también con la «migración» de radicales a la creciente estructura del partido SER.
Lo que quedó de aquella contienda fue un radicalismo «detonado» y «peleado»; con más historia que presente y futuro.
Para esta elección los dirigentes radicales que suponen tienen representatividad, solo especulan «con quien irán», más que en cómo se reconstruirán.
Tampoco hubo recambio y ante la tendencia del electorado que busca «caras nuevas» no tiene nada para ofrecer. Hasta ahora solo se sabe que Reyes insistirá.
En este proceso de desintegración de las viejas estructuras partidarias, se puede decir que lo de la UCR ya ocurría con Comités locales cerrados, abandonados o enfrentados a la conducción provincial. Pero incluso de esa dinámica de internas y peleas ya no queda nada.
Los oficialismos
Aunque se trata de un proceso que comenzó en las elecciones pasadas, todo apunta a que esta atomización de electorado se profundizará; sumado a la falta de representatividad genuina de los partidos tradicionales.
Hay que tener en cuenta que son apenas 14 los «sellos» políticos habilitados hasta el momento para participar de las elecciones legislativas; y al menos el 50 por ciento son solo eso: sellos. No hay estructuras reales.
Aquí tenemos que mencionar el caso de La Libertad Avanza (LLA) que en la provincia se aferra al destino político del Presidente Javier Milei, creyendo infantilmente que con eso alcanza. Con una figura como Jairo Guzmán, quien se sostiene con críticas a «la casta»; pero enfrenta todo tipo de cuestionamientos en su gestión al frente del PAMI, su discurso y su accionar es una contradicción. Hace política desde un cargo público y pretende construir desde una estructura Estatal un «musculo político» que aún está muy en ciernes. Lo del oficialismo nacional en la provincia es un claro espejismo: no estará Milei en la boleta de candidatos. Si este recurso y sin un trabajo serio, LLA en Santa Cruz es un poco más que un sello y poco menos que una agrupación política.
En cuanto al oficialismo provincial, lo que ha hecho Claudio Vidal con el SER y su llegada a la gobernación es digno de análisis. Haber derrotado el kirchnerismo en su territorio después de 30 años de hegemonía claramente fue un logro. Ahora tendrá su primer «examen» y se sabe lo dificultoso que es que in oficialismo obtenga resultados positivos en las elecciones de medio término. En caso de provincias como la de Santa Cruz, se tratará de una experiencia inédita ya que nunca antes una primera gestión con un signo político diferente al K, tuvo una elección de estas características. Lo que ocurra será entonces un acierto estratégico, o un llamado de atención a tener en cuenta para lo que reste de gestión.
En definitiva, las dos expresiones nuevas que dio la política en Santa Cruz tendrán su primera prueba en términos de construcción partidaria; frente a la decadente estructura que intentará acomodarse para apurar su debacle.