
La historia de David y Goliat nace en uno de los relatos más conocidos del Antiguo Testamento, en el primer libro de Samuel. Allí se cuenta cómo el pueblo de Israel y los filisteos se enfrentaban en guerra, paralizados por el miedo ante un gigante llamado Goliat. Con una estatura imponente, una armadura pesada y una fuerza temible, Goliat desafiaba cada día a los israelitas a enviar a un hombre que luchara contra él. Nadie se atrevía.
Fue entonces cuando apareció David, un joven pastor sin experiencia militar, armado únicamente con una honda y cinco piedras lisas del río. Mientras los soldados veían debilidad, David veía fe. Rechazó la armadura del rey Saúl porque no estaba acostumbrado a ella y decidió confiar en su agilidad, su puntería y su convicción. Con un solo lanzamiento, derribó al gigante, demostrando que la verdadera fuerza no siempre reside en el tamaño, sino en la determinación y la fe.
Siglos después, esa misma historia parece haber encontrado eco en Mallorca. En la isla, conocida por su calma mediterránea y su rica tradición cultural, se empezó a hablar de una pelea que muchos compararon con el relato bíblico. Un enfrentamiento desigual, donde uno representaba al gigante seguro de su poder —el Goliat moderno— y el otro al joven subestimado, el David contemporáneo.
Al igual que en la Biblia, el Goliat mallorquín confiaba en su fuerza, su experiencia y su dominio del terreno. David, en cambio, llegó sin el favor de las apuestas ni del público, pero con una estrategia clara y una valentía inquebrantable. No buscó imponerse por fuerza bruta, sino por inteligencia, rapidez y precisión.
Cuando llegó el momento decisivo, la historia volvió a repetirse. Un gesto calculado, un movimiento inesperado, bastó para cambiar el resultado. La victoria de David no fue solo un triunfo personal, sino un recordatorio colectivo: los gigantes pueden caer, incluso en tiempos modernos.
Así, la pelea de David y Goliat en Mallorca se convirtió en un símbolo atemporal. Un puente entre el relato bíblico y la realidad actual. Una historia que recuerda que, tanto en la antigüedad como bajo el sol balear, el coraje y la astucia pueden desafiar cualquier tamaño.


