Argentina en el segundo año de Milei: ¿más reformas o más retrocesos?

En el segundo año de gestión del presidente Javier Milei, Argentina no solo no avanzó en aspectos clave de transparencia e institucionalidad, sino que empeoró su posición en el ranking global de percepción de la corrupción. Según el último Índice de Percepción de la Corrupción (CPI) de Transparencia Internacional, el país obtuvo 36 puntos sobre 100, uno menos que en la medición anterior, lo que significó un descenso de cinco puestos en el ranking mundial, ubicándose en el lugar 104 entre todos los países evaluados. Este resultado preocupa a analistas e inversores por igual, ya que la percepción de corrupción se asocia con un ambiente de gobernanza más riesgoso y menos predecible para los actores económicos. (LA NACION)

Una señal de alarma institucional

El retroceso en esta medición no ocurre en un vacío. Organizaciones locales, como Poder Ciudadano, atribuyen la caída no a simples variaciones estadísticas sino a una ausencia de políticas concretas anticorrupción, así como a la falta de respuestas contundentes frente a casos resonantes como las investigaciones en la Agencia Nacional de Discapacidad o las causas vinculadas al caso $LIBRA. En este contexto, expertos advierten que la percepción de corrupción no solo daña la imagen internacional del país, sino que también erosiona la confianza interna en las instituciones democráticas. (LA NACION)

Instituciones sólidas, no oraciones mágicas

Este retroceso plantea una pregunta central: ¿puede prosperar un país solo con reformas de mercado si las instituciones que las sostienen se debilitan? En teoría económica y política, se sabe que los procesos de mercado efectivos dependen de marcos institucionales sólidos —y no al revés—. Esto significa que sin transparencia judicial, controles anticorrupción robustos y certeza sobre el cumplimiento de la ley, cualquier intento de abrir mercados o atraer inversiones puede terminar siendo una ilusión más que un progreso real.

En otras palabras, mercados libres sin instituciones fuertes pueden asemejarse a mercados sin reglas claras, donde predominan los intereses privados sobre el bien común y donde la incertidumbre termina siendo el principal motor —y no la inversión productiva.

Más ruido que resultados

La caída en instrumentos internacionales como el CPI se suma a otros indicadores que muestran tensiones en la sociedad y economía argentina. Durante la gestión de Milei se observan vaivenes en la confianza pública, impactos sectoriales por ajustes de gasto y críticas sobre falta de acompañamiento institucional. Aunque algunas mediciones de imagen pública aún ubican al presidente con cierto respaldo social, estas cifras ocultan fracturas más profundas: mientras se repiten slogans de cambio y liberalización, las bases institucionales sobre las que debería apoyarse ese cambio parecen estar deteriorándose, o cuando menos sin fortalecerse de manera evidente. (ellitoral.com)

Conclusión: ¿reformas con cimientos o sin ellos?

El empeoramiento en la posición de Argentina en rankings globales de transparencia pone en evidencia una tensión fundamental de la gestión actual: ¿se busca desarrollar al país mediante reformas auténticas o solo se quiere aparentar progreso a través de discursos y medidas parciales? El desafío real no consiste únicamente en derribar viejas prácticas económicas, sino en construir y sostener instituciones que aseguren transparencia, justicia y confianza para todos los actores sociales y económicos. Mientras esos pilares no se fortalezcan, los procesos de mercado —por más bien intencionados que sean— podrían transformarse en castillos de arena frente a los embates de la desconfianza y la corrupción.


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