
Si estás mirando opciones de refrigeradora, te aviso algo: la compra no se define solo por “cuántos litros tiene” o por la promo del momento. La refrigeradora está enchufada 24/7, la abrís mil veces al día, y si elegís mal, lo sufrís en la práctica: falta de espacio, cosas que se secan, escarcha por todos lados, ruido molesto o una cuenta de luz que te deja pensando “¿qué pasó acá?”.
Lo primero es entender qué necesitás de verdad. ¿Comprás una vez por semana y guardás todo? ¿Freezás carne, pan, viandas y te armás el mes? ¿O sos más de comprar día por día? Eso cambia todo. Hay gente que vive sola y le rinde una mediana porque es ordenada, y hay familias que con una grande igual se quedan cortas porque la llenan hasta el techo. Y ojo con el chamuyo de los litros: dos refrigeradoras con “la misma capacidad” pueden rendir completamente distinto según cómo estén armadas por dentro.
Ahí entra algo clave: la distribución interna. Estantes regulables, cajones de verduras amplios, lugar para botellas altas, bandejas que no se doblen si apoyás una olla… esas cosas son las que te hacen querer a tu refrigeradora o putearla todos los días. También mirá el freezer con cariño: si sos de congelar mucho, que tenga compartimentos cómodos (cajones, separaciones, acceso fácil). Si no usás casi el freezer, entonces priorizá que la parte de refrigeración sea práctica y espaciosa para lo que consumís siempre.
Después está el tema No Frost vs. convencional. La No Frost es la típica “comodidad total”: no te hace juntar hielo y no vivís descongelando. A cambio, suele salir un poco más y, si guardás cosas sin tapa, puede resecar más (nada grave si usás recipientes o envolvés bien). La convencional es más simple y a veces más barata, pero cuando empieza a aparecer hielo, perdés espacio y el rendimiento cae. Si querés cero mantenimiento y te da fiaca descongelar, No Frost suele ser la elección más lógica.
En 2026 también vas a ver mucho “inverter” por todos lados. Bien: en general, un compresor inverter trabaja más parejo, hace menos ruido y mantiene mejor la temperatura. ¿Se nota? Muchas veces sí, sobre todo si la abrís seguido o si la cocina es integrada y te molesta el zumbido. ¿Es garantía absoluta de ahorro? No. Si la instalás mal o comprás un modelo medio pelo, no hay tecnología que te salve. Pero cuando el equipo es bueno, suele ser una mejora real.
Y ya que hablamos de consumo: esto es importante. La refrigeradora es de esos electrodomésticos que te cobran “por mes” sin que lo veas, porque nunca se apaga. Por eso conviene mirar la eficiencia energética y, sobre todo, no comprar más grande “por las dudas” si no lo necesitás. Un equipo gigante medio vacío puede ser un gasto al pedo. También influye muchísimo dónde la ponés: si la pegás contra la pared sin ventilación o la metés al lado del horno, el motor trabaja más caliente y se castiga solo.
Otra cosa que la gente subestima: las medidas y la apertura. Medí el hueco donde va a ir, sí, pero también medí cuánto espacio necesitás para abrir puertas y sacar cajones. Y no te olvides del “camino” hasta la cocina: puertas, pasillos, escaleras, ascensor. Hay historias de terror con refrigeradoras que quedan varadas en la entrada porque “no pasaba”. Mejor prevenir y listo.
También fijate el ruido si vivís en depto o tenés cocina integrada. No todos los fabricantes lo ponen claro, pero si encontrás el dato de decibeles o reseñas que lo mencionen, te ayuda. Y cuando la instales, nivelala bien: muchas vibraciones vienen de eso, no del equipo en sí.
Con las funciones extra, mi consejo es simple: pagá por lo que vas a usar. Alarmita de puerta abierta, control de temperatura, modo vacaciones, buena iluminación… eso suma. Lo demás, depende. Hay cosas que son lindas para contar, pero no cambian tu día a día.
Y para que te dure, lo básico: no metas comida caliente directo, revisá que los burletes sellen bien, no la llenes tapando salidas de aire, y mantenela medianamente ordenada para que circule el frío. Si elegís un tamaño que te quede cómodo, una distribución que te sirva y una tecnología acorde a tu rutina, terminás con una refrigeradora que funciona “sin drama”: enfría parejo, no te vuelve loco con el ruido, y no te castiga en la luz.

