Mag. Karin Hiebaum de Bauer

En el presente trabajo sostengo que ciertos liderazgos contemporáneos de derecha —particularmente los de Javier Milei en Argentina, Donald Trump en Estados Unidos y Nayib Bukele en El Salvador— pueden ser comprendidos como expresiones de una nueva forma de autoritarismo, que no se presenta como una ruptura explícita con la democracia, sino como una apropiación discursiva de sus símbolos. Mi hipótesis central es que estos proyectos políticos utilizan el lenguaje del liberalismo y de la democracia para vaciar su contenido sustantivo, consolidando formas de poder concentrado funcionales a una lógica capitalista global.

Este fenómeno no implica necesariamente la eliminación inmediata de elecciones, sino una erosión progresiva de las instituciones democráticas, del pluralismo político y de los derechos civiles, lo que permite hablar de dictaduras encubiertas o autoritarismos democráticos.

Marco teórico: democracia, liberalismo y autoritarismo

Desde la teoría política, autores como Robert Dahl han señalado que la democracia no puede reducirse al acto electoral, sino que requiere condiciones como la competencia real, la libertad de expresión, la participación informada y la existencia de contrapesos institucionales. En este sentido, la mera realización de elecciones no garantiza un sistema democrático pleno.

Por su parte, Norberto Bobbio advierte que la democracia liberal se funda en límites al poder, división de funciones y reconocimiento del disenso como elemento constitutivo del orden político. Cuando estos principios se debilitan, aun bajo gobiernos electos, se abre paso a formas de autoritarismo.

Asimismo, el concepto de “autoritarismo competitivo” (Levitsky y Way) resulta útil para analizar estos casos: regímenes donde existen elecciones, pero el terreno de juego está sistemáticamente inclinado a favor del poder gobernante mediante el control discursivo, institucional y mediático.

El rol del marketing político y la construcción del liderazgo

Uno de los rasgos centrales de esta nueva derecha es la sustitución del debate político por el marketing electoral. Las campañas se organizan alrededor de consignas simples, altamente emocionalizadas y difundidas masivamente por redes sociales. El liderazgo se construye como marca personal y el programa político queda subordinado al impacto comunicacional.

Desde mi perspectiva, este proceso transforma al ciudadano en consumidor político, debilitando su rol crítico. Conceptos como “libertad”, “anticasta”, “orden” o “seguridad” operan como categorías ambiguas, capaces de aglutinar apoyos diversos sin comprometer definiciones concretas.

Análisis de casos

Donald Trump

El caso de Trump evidencia una relación instrumental con la democracia. Su negativa a reconocer los resultados electorales de 2020 y su responsabilidad política en la crisis institucional posterior revelan una concepción en la que la legitimidad democrática solo es válida cuando garantiza su permanencia en el poder. Aquí, el líder se coloca por encima de las reglas del sistema.

Nayib Bukele

En El Salvador, el autoritarismo se expresa de forma más explícita. El uso permanente del estado de excepción, la concentración del poder ejecutivo y la subordinación del poder judicial configuran un régimen que, aunque popular, vulnera principios básicos del Estado de derecho. Considero que este caso demuestra cómo la eficacia inmediata puede funcionar como justificación social del autoritarismo.

Javier Milei

En el caso argentino, observo una retórica que se autodefine liberal pero que, en la práctica, cuestiona el pluralismo, deslegitima a la oposición política y reduce la democracia a un obstáculo para la aplicación de un programa económico. El liberalismo histórico defendía derechos y límites al poder; el liberalismo discursivo actual parece priorizar los intereses del capital concentrado.

Dictadura disfrazada y capitalismo político

Utilizo el concepto de “dictadura disfrazada” no para afirmar la existencia de regímenes totalitarios clásicos, sino para señalar una tendencia global hacia la fusión entre poder político y poder económico, donde las democracias se mantienen en su forma, pero no en su contenido. En este marco, la soberanía popular se ve desplazada por decisiones tomadas en función de mercados, corporaciones y élites transnacionales.

Esta dinámica configura lo que denomino una dictadura internacional capitalista, caracterizada por:

  • Personalismo político extremo
  • Construcción de enemigos internos
  • Desprestigio de la prensa y la justicia
  • Reducción de derechos sociales y civiles
  • Legitimación electoral de prácticas autoritarias

Conclusión

Concluyo que el principal riesgo de estos liderazgos no reside únicamente en sus políticas concretas, sino en la naturalización social del autoritarismo cuando este se presenta como modernidad, eficiencia o libertad. Defender la democracia exige ir más allá del acto electoral y sostener activamente sus principios sustantivos: pluralismo, derechos, límites al poder y participación crítica.

Desde esta perspectiva, considero imprescindible recuperar una noción de democracia que no sea compatible con su propia negación.

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