En la Argentina de hoy no desapareció la fe: desapareció el centro. Dios dejó de ser referencia cultural compartida y fue reemplazado por creencias fragmentadas, ideologías duras y nuevos ídolos modernos. El resultado no es una sociedad más libre, sino una sociedad desorientada.

Cuando Dios se corre del centro, no queda neutralidad. En su lugar aparecen:

  • el Estado como salvador absoluto,
  • el mercado como única ley,
  • la política como religión,
  • la identidad como dogma,
  • la tecnología como promesa de redención.

Eso es paganismo moderno: adorar cosas creadas como si fueran lo último.


Consecuencias visibles en la sociedad argentina

1. Pérdida de límites morales comunes

Antes había desacuerdos, pero existía un suelo compartido: la vida, la familia, la palabra, la dignidad. Hoy cada grupo define su propia moral, y cuando todo es relativo, el más fuerte impone su verdad.

2. Violencia simbólica constante

Sin una referencia trascendente que nos iguale, el otro deja de ser hermano y pasa a ser enemigo. Por eso:

  • se justifica humillar,
  • se normaliza mentir,
  • se celebra destruir al que piensa distinto.

3. Política como religión sustituta

La política ocupa el lugar que antes tenía la fe: promete salvación, exige lealtad absoluta y divide entre “buenos” y “malos”. Pero cuando falla —como siempre falla— deja frustración, bronca y cinismo.

4. Vacío existencial

El argentino no solo está mal económicamente. Está cansado por dentro. Sin sentido trascendente, el sacrificio no tiene para qué. Por eso crecen:

  • la depresión,
  • las adicciones,
  • el “me da todo lo mismo”,
  • el sálvese quien pueda.

Mirada psicológica

El ser humano necesita algo más grande que él mismo para ordenar su vida.
Cuando eso falta:

  • busca pertenencia en extremos,
  • se aferra a relatos,
  • o se refugia en el individualismo.

Una sociedad sin Dios no se vuelve adulta: se vuelve reactiva, infantilizada, dependiente de estímulos, premios y castigos.


Cierre

Una sociedad sin Dios no es más racional.
Es más manipulable.

Porque cuando no hay una verdad por encima del poder,
el poder se convierte en verdad.

Y cuando no hay algo sagrado en el otro,
todo termina siendo negociable.

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