
Crisis de legitimidad, desgaste político y reconstrucción del liderazgo democrático
Resumen (Abstract)
Argentina atraviesa una fase crítica que excede lo económico y se adentra en una crisis de legitimidad política, institucional y social. Este trabajo analiza el escenario político–económico actual bajo el gobierno de Javier Milei, evalúa los factores estructurales que condicionan la gobernabilidad, y propone una reflexión sobre el tipo de liderazgo y representación que demanda la sociedad argentina en el corto y mediano plazo. Se sostiene que el problema central ya no es ideológico, sino biográfico e institucional: la ciudadanía busca credibilidad, coherencia y humanidad antes que discursos doctrinarios. El país se encuentra ante una disyuntiva histórica entre madurar políticamente o profundizar ciclos de inestabilidad cada vez más violentos.
1. Junio–julio como punto de inflexión político–social
En la dinámica argentina, los meses de junio y julio suelen operar como un umbral crítico. No por razones simbólicas, sino por factores materiales concretos:
- El impacto real del ajuste económico comienza a reflejarse con mayor claridad en salarios, empleo y consumo.
- La inflación acumulada deja de ser un dato macroeconómico para convertirse en una experiencia cotidiana de deterioro del bienestar.
- Se agota el “crédito de paciencia” que históricamente acompaña a los gobiernos entrantes.
En el caso del actual gobierno, este proceso se ve acelerado por una estrategia política basada en el shock sin red de contención institucional. La confrontación simultánea con el Congreso, los gobernadores, los sindicatos, el sistema universitario, la ciencia y la cultura ha erosionado rápidamente los márgenes de gobernabilidad.
Es importante aclarar que este desgaste no implica automáticamente una caída del gobierno. La Argentina contemporánea no funciona bajo lógicas de colapso inmediato. Sin embargo, sí habilita un escenario de conflictividad creciente, protestas más frecuentes y riesgos de ingobernabilidad si no se introducen correcciones políticas significativas.
2. Dependencia estructural y el mito del salvataje externo
Argentina no se encuentra colonizada, pero sí estructuralmente condicionada por factores externos: deuda, necesidad de dólares, relación con el FMI, comercio internacional, energía y financiamiento.
En este contexto, resulta relevante desmitificar la idea de que un alineamiento político–ideológico con Estados Unidos —y en particular con Donald Trump— pueda “ordenar” la economía argentina. Aun en un escenario de fortalecimiento del liderazgo de Trump, su prioridad será estrictamente nacional. Ninguna potencia absorbe los costos sociales de un país periférico por afinidad ideológica.
Los países no se desarrollan por padrinazgos externos, sino por la solidez de sus instituciones, su productividad y su cohesión social. Apostar a salvaciones externas constituye una ilusión peligrosa que posterga las responsabilidades internas.
3. Escenarios de continuidad política
A partir del análisis del contexto actual, pueden delinearse tres escenarios realistas respecto a la continuidad del gobierno:
a) Continuidad debilitada (escenario más probable)
El gobierno logra sostenerse, pero con menor poder real, mayores concesiones y una moderación forzada por necesidad más que por convicción.
b) Radicalización y encierro
Mayor uso de decretos, profundización del conflicto político y desgaste acelerado. Este camino suele concluir mal, aunque no necesariamente de forma inmediata.
c) Crisis política mayor
Menos probable en el corto plazo, pero posible si convergen un estallido social significativo, la ruptura con gobernadores y la pérdida total de control legislativo.
4. El impacto social: más allá de los indicadores
El fenómeno central no es solo el empobrecimiento material, sino el desgaste emocional de la sociedad. Se observa:
- Empobrecimiento acelerado de la clase media.
- Cansancio psicológico y social.
- Desconfianza profunda hacia discursos grandilocuentes o mesiánicos.
Este contexto puede derivar en una mayor organización social por fuera de los partidos tradicionales, menor tolerancia a liderazgos estridentes y una búsqueda de figuras más serias y consistentes.
El argentino no es intrínsecamente antiliberal; es anti-mentira, anti-ajuste sin sentido y anti-humillación.
5. Liberalismo, personalismo y confusión conceptual
Es probable que el electorado deje de votar aquello que se le presentó como liberalismo, pero que en la práctica no lo es. El modelo actual:
- Debilita instituciones en lugar de fortalecerlas.
- Desprecia los equilibrios republicanos.
- No promueve competencia real.
- Utiliza al Estado como herramienta de castigo y premio político.
Esto no constituye liberalismo clásico, sino una forma de personalismo autoritario con retórica de mercado.
6. El nuevo criterio de legitimidad política
Hoy, la legitimidad ya no surge de la ideología, sino de la biografía. El ciudadano promedio no pregunta si un dirigente es de izquierda o de derecha, sino:
- ¿Vivió como yo?
- ¿Conoce la experiencia de no llegar a fin de mes?
- ¿Me va a representar o me va a usar?
La credibilidad se construye desde la experiencia vital, no desde el discurso.
7. ¿Qué tipo de liderazgo necesita Argentina?
No líderes perfectos, sino creíbles. La credibilidad hoy se apoya en cinco ejes:
- Vida real, no de laboratorio político.
- Experiencia de lucha, no cinismo profesional.
- Valores demostrados, no declamados.
- Contacto genuino con la gente, sin actuación.
- Coherencia biográfica, con errores asumidos, no estafas encubiertas.
8. La importancia de las duplas y el fin del caudillismo
Argentina necesita menos figuras omnipotentes y más liderazgos complementarios. Duplas que integren razón y empatía, gestión y cercanía, experiencia y renovación. La sociedad desconfía crecientemente del “líder único que lo sabe todo”.
9. Una conclusión incómoda pero necesaria
Argentina no está perdida, pero sí en una encrucijada decisiva. La salida no vendrá de salvadores individuales ni de discursos extremos. Vendrá de una política más adulta, con personas normales, vidas normales y humanidad suficiente para tomar decisiones difíciles sin despreciar a nadie.
Despertar no es gritar más fuerte.
Despertar es pensar mejor, organizarse mejor y elegir mejor.



