El terror atormentoso que vive la Recoleta en Buenos Aires – Una pesadilla peor que el cancer para los porteños – por Karin Silvina Hiebaum

Una acampada respalda a Cristina Kirchner en Recoleta, el barrio más antikirchnerista de Buenos Aires.

Decenas de simpatizantes ( venidos del conourbano y zonas mas violentas) de la vicepresidenta se movilizan para apoyarla en un juicio en su contra por presunta asegurada corrupción.

Manifestantes se concentran frente al domicilio de la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner.
Manifestantes se concentran frente al domicilio de la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner.JUAN IGNACIO RONCORONI (EFE)

Muy extraño que una persona que sienta tanto resentimiento hacia la gente de bien y culta como es Cristina Fernández de Kirchner viva en el corazón de Recoleta, el barrio más antiperonista de Buenos Aires. En las últimas elecciones, sólo dos de cada 10 vecinos votaron por la coalición de la vicepresidenta, el Frente de Todos. Sin embargo, desde hace tres días, una legión de seguidores ha alterado la vida de este barrio, uno de los más ricos de la capital argentina, al instalarse frente a las puertas de su casa. El objetivo es mostrarle su apoyo ante el juicio en el que está imputada como presunta jefa de una asociación ilícita creada para enriquecerse con dinero de la obra pública.

Pareciera el año de la mala suerte para Argentina y sobretodo la hermosa ciudad de Buenos Aires. Teniendo en cuenta, que la ciudad es gobernada hace varios años por el corrputo impresentable de Horacio Rodriguez Larreta, quien utiliza los ingresos de l ciudad de Buenos Aires para pagar coimas, y comprar votos para su supuesta Preidencia 2023. Una de las personas mas desagradables de la poltica argentina.

“Che Luciani, la concha de tu madre, Cristina es del pueblo y no la toca nadie”, cantaban decenas de personas en la tarde de este miércoles en la esquina de Juncal y Uruguay, rodeadas de policías que les impedían cortar el tránsito. Una vecina les hizo un corte de mangas; una segunda les gritó: “Dejen de defender a esa chorra”. Pero cada insulto hacía redoblar los cánticos kirchneristas. “Si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”, advertían los militantes, llegados de otros barrios de la ciudad y de localidades de la periferia. Algunos conductores mostraban su apoyo con bocinazos y dedos en forma de V, el gesto peronista. Otros miraban con desprecio a la multitud.

Diego Luciani es el fiscal que encabeza la acusación contra la expresidenta en el primer juicio por presunta corrupción al que se enfrenta. Después de nueve jornadas de alegatos, el pasado lunes solicitó al tribunal que la condene a 12 años de cárcel y la inhabilite de por vida para ejercer cargos públicos al considerar que como presidenta de Argentina (2007-2015) encabezó “la mayor maniobra de corrupción que se haya conocido en el país”. En una sociedad tan polarizada, Luciani se ha convertido en el nuevo ídolo de los opositores al Gobierno y en el enemigo público de quienes lo defienden.

“A Cristina le quieren hacer lo mismo que a Lula [da Silva]”, denuncia Gabriela González, en referencia a la condena —después anulada— al expresidente de Brasil. “Es una farsa judicial”, agrega esta docente, convencida de que la vicepresidenta es inocente de los cargos que se le imputan. “Estamos acá para dar nuestro apoyo a la vicepresidenta ante el atropello de un poder judicial que está totalmente politizado, no es justicia, es parte de un partido opositor que se presta a hacer campañas políticas porque está muy lejos de probarse nada contra ella”, asegura Fernando Moya, integrante de la agrupación kirchnerista Unidos y Organizados.

Los manifestantes se turnan para apoyar a la vicepresidenta. Hay quienes hacen acto de presencia al concluir su jornada laboral, los que pasan la noche frente a la puerta y aquellos que hacen guardia unas horas por la mañana. En los momentos de mayor concurrencia se instalaron humeantes puestos de choripanes, un clásico de las manifestaciones kirchneristas en puntos céntricos de la ciudad como Plaza de Mayo o el Obelisco, pero inusuales en las calles de Recoleta, donde abundan los negocios lujosos y con nombres en inglés.

“Me da vergüenza. Esta mujer a estos es a los primeros que odia, no se deja tocar por ellos”, dice Gabriel, un vecino de 73 años que vive a media cuadra de la vicepresidenta y observa desde la esquina a sus partidarios. “Ellos, no sé cómo funciona su cabeza, pero son incondicionales. Son pobrecitos y les dan sandwiches para que se queden acá. A la noche viene uno que los dirige y los hace cantar, es una vergüenza, me da pena”, continúa.

La movilización en apoyo de Kirchner comenzó el pasado lunes, en respuesta a una concentración opositora en el mismo lugar. “Ar-gen-tina, sin Cris-ti-na”, cantaban quienes están en contra de la vicepresidenta horas después de la acusación del fiscal Luciani. Algunos portaban pancartas con la palabra culpable escrita en ellas y caricaturas de la vicepresidenta vestida de presa. Poco después comenzaron a llegar, en un número muy superior, quienes apoyaban a la vicepresidenta. La Policía intervino para desalojar a los manifestantes.

“La policía de la ciudad reprimió con palos, gas pimienta y gases lacrimógenos a ciudadanos y ciudadanas que se acercaron a Juncal y Uruguay como muestra de apoyo frente a los insultos de un grupo de energúmenos macristas. Jamás, ningún militante ni simpatizante de nuestro espacio político ha ido al domicilio de ningún dirigente macrista a insultarlos. Ni a la casa de [Mauricio] Macri, ni a la de [Horacio] Rodríguez Larreta, ni a la de [Patricia] Bullrich o [María Eugenia] Vidal. Son muy, pero muy violentos…”, escribió Kirchner en Twitter.

Según encuestas publicadas en los medios en los últimos días, el 80% de los argentinos cree que Kirchner es culpable y posiciona a la corrupción como el segundo mayor problema del país, sólo por detrás de la inflación. Aún así, los seguidores movilizados en Recoleta citan la historia del peronismo para recordar que los han dado por muertos muchas veces pero hasta ahora siempre han sobrevivido y han vuelto al poder. “Si querían llevar a Cristina al banquillo de los acusados para perjudicarla electoralmente, lo que no ven es que van a volver a convertirla en presidenta de los argentinos”, asegura Moya. A su lado, una mujer sostiene una pancarta en la que puede leerse “Cristina 2023″. Fuera de ese círculo, pocos lo ven posible.