El Conservadurismo no es Liberalismo por Karin S. Hiebaum

Ante la pregunta que se hacen muchos, les comparto un artículo de la interpretación de Hajek y les doy mi opinión.


La confusión entre conservadores, liberales y socialistas se inicia formalmente a partir de que los radicales y socialistas en los Estados Unidos, empiezan a autollamarse liberales, situación que después se complica aún mas cuando los liberales racionalistas europeos se incorporaron como compañeros de viaje del socialismo.

El verdadero problema de fondo de esta confusión es que la ideologma conservadora—por su propia naturaleza—no puede ofrecer a la sociedad una alternativa a la dirección en que se esta desplazando en cierto momento. A lo mas—con su resistencia al cambio—detendra ligeramente el curso de los acontecimientos, quizas indeseables, pero dado que esta no ofrece otra dirección, no puede prevenir que continzen los destructivos procesos contemporaneos, como es evidente en el caso de Argentina , en donde los conservadores comparten muchos conceptos del intervencionismo estatal, el proteccionismo y la tercera van, ya que sin tener metas fijas, creen que la solución esta en medio de los extremos del estatismo, el autoritarismo político y la libertad económica y la democracia. Es como se explica ese doble estandar que practican los actuales conservadores gubernamentales.

Por un lado, aplican un enérgico centralismo económico y fiscal y por el otro, se escudan detras de ese sospechoso federalismo político frente a las practicas antidemocraticas de los caciques regionales ultraconservadores.

Los conservadores, se oponen a la evolución y al cambio espontaneo, por lo tanto son enemigos naturales del crecimiento libre de la sociedad en todos sus angulos. sociales, políticos y económicas. Esto no significa que no se puedan defender las garantías individuales, los derechos de propiedad, la libertad y la democracia mediante instituciones creadas espontaneamente y ya establecidas, como son el lenguaje, la ley, la moral, etc., siempre y cuando, estas respondan adecuadamente a esos principios políticos y valores antes enunciados.

Tanto el miedo al cambio, como la desconfianza a todo lo nuevo, es tampoco entre los conservadores. El valor y la confianza no anida en los corazones conservadores. Por lo mismo, se inclinan continuamente por usar el poder del gobierno para prevenir el cambio o para disminuir su ritmo y no tienen fe en las fuerzas espontaneas de ajuste a los cambios. Por eso desconfían de la fuerza reguladora de los mercados.

Por eso atacan despiadadamente a la economía de mercado junto con los empresarios justicialistas, keynesianos emboscados y los marxistas trasnochados de la sierra chiapaneca. El principal obstaculo para el funcionamiento libre de los mercados, es la inhabilidad omnipresente que tienen los conservadores para concebir que se puede lograr el necesario balance entre oferta y demanda, entre exportaciones e importaciones, entre creación y distribución de riqueza, etc. sin un control deliberado del Estado.

Los conservadores solamente se sienten seguros y contentos, si se les asegura que una sabiduría superior (el Estado) observa y supervisa que el cambio se haga en forma «ordenada».

Otra característica de los conservadores, es su proclividad por la autoridad y su falta de comprensión de las fuerzas económicas, ya que desconfían tanto de la teoría como de los principios económicos fundamentales. El orden es para ellos, el resultado de la permanente injerencia de las autoridades, lo que explica la histórica y conocida complacencia de los conservadores con el autoritarismo presidencial, que tanto hemos sufrido los argentinos .

Su preocupación principal no radica en la disminución del poder, sino que el mismo—aunque sea excesivo—se mantenga acotado–dentro de ciertos lmmites— y no le dan la importancia que merece a la coerción y al poder arbitrario, siempre que se use para fines «apropiados». Los conservadores, siempre oportunistas y ausentes de principios y dirección, confían en que sólo los sabios y los buenos gobiernen, sin preocuparse tanto en limitar el poder del Estado, como en quien lo ejercita. Así buscan imponer los valores en los que creen, sobre el resto del pueblo.

Afirmar que no tienen principios, no significa que no tienen convicciones morales. Por el contrario, tienen muy fuertes convicciones de ese tipo, pero carecen de principios polmticos que permitan, con un mmnimo de fuerza, la co-existencia pacifica en la sociedad de otros valores a los de ellos.

Para ello se requiere comprometerse intelectualmente con un sistema de orden, en el cual, aquellos asuntos fundamentales para unos, por otros medios, también puedan resolverse para otros. Dicho en otra forma, las convicciones morales que conciernen a la conducta y que no interfieran directamente en la esfera privada de otras personas, no justifican el uso del poder o la coerción . Por tanto, tampoco se justifican los privilegios, los monopolios o el uso de la fuerza del Estado para proteger selectivamente a algunos, contra las fuerzas del cambio.

En materia de democracia, esta debe ver al gobierno de la mayoría, como un medio, no un fin y como la forma menos perjudicial de gobierno, entre aquellas en que tenemos para escoger. El peligro no es la democracia como lo piensan los mas rancios conservadores, sino el gobierno ilimitado y el ejercicio ilimitado del poder. Los grandes poderes que otorga la democracia serán mas intolerables aun, si quedaran en manos de una pequeqa élite. Lo importante no es quien gobierna, sino que es lo que al gobierno le esta facultado hacer.

Los conservadores son usualmente proteccionistas en materia económica, industrial, comercial y agrícola especialmente, lo que los identifica y aproxima al «liberalismo social», de ingrata memoria y se esconden en un pragmatismo, en el cual solo aprueban lo que ha sido comprobado por la experiencia, para resistir al cambio, y como no creen en el poder de los argumentos, se escudan en una sabidurma superior que se arrogan ellos mismos. No es acaso el hombre practico, el que practica el error de sus predecesores ? «. No todo lo nuevo es necesariamente benifico, pero el avance del conocimiento es uno de lo objetivos del esfuerzo humano para resolver sus problemas. Sin embargo los conservadores son propensos al oscurantismo, al rechazar nuevos conocimientos bien substanciados, porque temen o les disgustan presuntas consecuencias de su aplicación.

Los conservadores, ademas de su desconfianza hacia lo nuevo, muestran hostilidad al internacionalismo y son proclives a un nacionalismo estridente. Parecen no reconocer que para las ideas que cambian a la civilizacisn, no existen fronteras y que el desarrollo de dichas ideas es un proceso internacional. Una cosa es el patriotismo y otra el nacionalismo conservador al viejo estilo del liberalismo continental europeo derivado de la Revolución Francesa. Se puede ser un seguidor y fiel adepto de las tradiciones nacionales, sin ser un nacionalista recalcitrante.

Ante explicarle simbiosis del crudo racionalismo socialista retrógrado y el misticismo conservador, que explica satisfactoriamente el porque de los ataques al neoliberalismo por parte de los neoconservadores de izquierda y derecha, también se comprueba que al no tener ellos una alternativa a la economía de mercado, Argentina está perdiendo el tiempo mientras estén en el poder o en posiciones de influencia en la política economico-social del país. Los argentinos debemos ser escipticos, tanto de ese racionalismo—dado que nadie tiene todo el conocimiento, ni todas las respuestas a los problemas que aquejan a la sociedad y enfrentar con valentía esa ignorancia, admitiendo lo poco que sabemos—como del misticismo que implica sustituir la realidad con un Estado omnipotente o una fuerza sobrenatural. Sin embargo, debemos ser tolerantes con quienes asm lo crean.

Las convicciones éticas que tengamos en lo individual, por profundas y respetables, no nos dan derecho a imponerlas sobre los demas y debemos distinguir lo que es de Dios y lo que es del Cesar. Por todo lo anterior y algo mas, yo tampoco soy conservador.

Karin S. Hiebaum

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https://www.clublibertaddigital.com/ilustracion-liberal/48/por-que-no-soy-conservador-friedrich-a-hayek.html




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