Luego de haber realizado un breve estudio sobre los dos grandes fenómenos de la vidaconsciente: el conocimiento y los apetitos, hemos decido abordar como cierre y síntesisde estos el tema de la libertad, ya que se trata de un temática sumamente importante ymuchas veces mal interpretada.

Tal es así, que no es casualidad que tantos pensadores distintos a lo largo de la historia se hayan ocupado del tema.
Nuestro objetivo no es abordar un desarrollo histórico de las distintas concepciones
sobre la libertad, sino poder comprender sus características esenciales, sus manifestaciones y los principales determinismos o visiones inadecuadas que en aras de una mayor libertad terminan coartándola.
Seguiremos básicamente a dos autores que nos acercan una accesible síntesis sobre la
libertad, estos son: Pablo Marini1
, y Roger Verneaux2
. La estructura de presentación
será la siguiente:
1- Consideraciones previas.
2 – El fenómeno de la libertad.
3 – Pruebas del libre albedrío.
4 – Tipos de Libertad.
5 – La libertad ¿es elección entre el bien y el mal?
6 – Concepción moderna de la libertad.
7 – Libertad y naturaleza humana.
8 – Los determinismos.
9 – Reflexiones a modo de conclusión.

1 – Consideraciones previas:
En primer lugar, sin ánimo de dar una definición, es necesario que nos aproximemos a una noción de lo que es la libertad.
No se trata de una tercera facultad que se da en el hombre y que viene a complementar
las dos anteriores: la inteligencia y la voluntad, es decir, en el hombre no encontramos
inteligencia, voluntad y “libertad”, sino que la libertad es una característica de ciertos
actos de la voluntad.

La voluntad es la tendencia o inclinación hacia los bienes presentados por la
inteligencia, es decir que para que la voluntad se sienta atraída es necesario primero
tener una mínima idea del objeto, luego la inteligencia lo presenta como bien para ser
amado, elegido o rechazado.
En sentido general la voluntad tiende naturalmente al bien perfecto, pero ésta debe
realizarse en lo concreto pues la inteligencia le presenta bienes particulares y finitos.
Ahora bien, la inteligencia es libre de elegir entre esos bienes, es decir que no se
encuentra predeterminada a elegir uno u otro, sino que puede autodeterminarse a sí
misma.
Al afirmar que la voluntad es libre, entonces, estamos indicando que es la capacidad de
autodeterminarse, pero ella sólo elige entre bienes (aunque puede elegirse malamente).

  • El fenómeno de la libertad
    Luego de estas consideraciones previas, nos interesa realizar un análisis de cómo se da
    la libertad en la vida humana:
    a) La Libertad como proceso de liberación social y personal: La libertad
    frecuentemente aparece como el valor más estimado en el mundo contemporáneo y tal
    vez en todos los tiempos: se promete, se proclama, se aspira a lograrla y también, en
    ocasiones, se teme, se restringe o se aniquila. La libertad aparece pues como un valor,
    como algo que hay que realizar, como un objetivo que puede ser alcanzado o no. La
    libertad en este sentido no está tanto en el plano de lo dado, como en el de las
    conquistas. La libertad, entonces, aparece como liberación, que es el proceso a través
    del que se alcanza la libertad. Este proceso de liberación puede entenderse en dos
    niveles: un primer nivel que pertenece al plano de las colectividades, por ejemplo, la
    libertad que un pueblo se da a sí mismo en el orden social. Pero también aparece la
    liberación como un valor a conseguir en el plano personal. La liberación individual se
    presenta como aspiración cuando se desea “no ser un hombre masa”, “tener
    personalidad propia”, “ser sí mismo”, es decir, actuar según el propio modo de ser, o
    “tener que realizarse”. Desde este punto de vista la libertad aparece no tanto como un
    valor social cuanto como un logro personal que puede alcanzarse o no.
    b) La Libertad como propiedad de la voluntad: por otra parte, la libertad se presenta
    también en la vida y el lenguaje ordinario, en otras ocasiones, no como un valor a
    conseguir, sino como una propiedad que se posee, como algo que está dado, en el
    mismo modo en que lo están la afectividad, el pensamiento o la voluntad.
    La libertad se muestra aquí como una característica de la voluntad y como una
    propiedad de determinados actos del hombre. A este respecto nos referíamos en las
    consideraciones previas, y responde más bien a una mirada filosófica sobre la misma.
    c) La Libertad y la vivencia de la libertad: la libertad y la vivencia de la libertad no
    coinciden necesariamente. Puede haber una “sensación” muy grande de libertad y una
    libertad real mínima. Hay quien se cree que es libre absolutamente porque está
    desligado de todo compromiso, pero éste es un sentimiento engañoso. La sensación de
    libertad que procede de una falta de motivación profunda denota en realidad falta de libertad. Decir que se es libre porque se opera por impulsos y no por obligaciones, es un modo de engañarse. La sensación de libertad aparece cuando se actúa sin ningún
    compromiso porque no se sabe por qué se actúa de determinado modo, pero en tales
    circunstancias es preciso sospechar que se actúa por algo distinto de la libertad. Cuanto
    “más libre” es alguien, más predecible es su conducta.

El hombre caprichoso es el hombre falto de libertad, como es falto de libertad aquel hombre para el cual “las situaciones y los impulsos instintivos provocados por éstas, tienen consecuencias decisivas y unívocamente determinantes para sus acciones” (por ejemplo, así como el
perro cuando ve pasar una perra en celo impulsivamente e instintivamente busca
aparearse, quedando determinado a actuar de esa manera). Por eso, la conducta
auténticamente libre se comprende en base a motivos y razones, mientras que la
actuación caprichosa se explica en base a procesos causales de corte psicológico
(impulsos). Aquí adelantamos ya una conclusión: la libertad no es arbitrariedad o
indeterminación pura, sino más bien la capacidad de autodeterminarse hacia aquello loque se considera bueno.

3 – Pruebas del libre albedrío
En la última frase del párrafo anterior señalábamos que la libertad es la capacidad de autodeterminarse frente a distintos bienes, es decir que el aspecto que se resalta aquí es
que la libertad es libre albedrío, o básicamente una capacidad de elección. Pero
realmente ¿poseemos libre albedrío, somos realmente libres o estamos predeterminados
a ejercer la libertad siempre en un mismo sentido, es decir no somos libres? A
continuación presentamos una serie de argumentaciones o testimonios que dan cuenta de que es real el libre albedrío en el hombre.
a) Testimonio de la conciencia psicológica:
Este argumento invoca la conciencia, es decir, la intuición de la libertad. […] El filósofo
alemán Karl Jaspers (1883-1969) argumentaba así:
“La cuestión misma de la libertad implica hasta la evidencia la existencia de esa
libertad.

En efecto, la cuestión de saber si soy libre tiene su primer origen en mí mismo:
quiero que exista la libertad. Así, sin más, queda establecida la posibilidad de la
libertad, porque sólo un ser libre o capaz de libertad puede interrogarse sobre la libertad.
De lo contrario, el mismo problema carecería de sentido y la idea de libertad no
correspondería a ninguna experiencia concebible.

Mas si el hombre plantea este
problema, es porque lo lleva enraizado en lo más profundo de su ser personal como una
absoluta exigencia de su voluntad”.
El argumento de Jaspers asocia, con mucha razón, el punto de vista psicológico con el metafísico: una voluntad sometida a la determinación (a actuar siempre de tal manera) y que se quisiera libre es tan inconcebible como un círculo cuadrado o como un animal que reclamara la razón.
b) Testimonios de la conciencia moral:
Sin libertad el hombre no tendría ni deber u obligación moral, porque no puede haber
obligación moral sino en quien no está sometido a ninguna coacción; tampoco tendría responsabilidad moral, porque nadie responde de los actos de que no es autor; ni mérito ni demérito, ni sanción de ninguna clase, porque estas cosas no son inteligibles sino en función de la libertad.

La objeción que se opone a este argumento es que el sentimiento de obligación podría
provenir de la coacción social, es decir por influencia de la sociedad.

Pero contra esto se debe afirmar que la persona responde de todo lo que ha hecho o
querido, la misma persona se atribuye a sí misma el valor de sus actos, tomando sobre sí una carga que ninguna inclinación natural ni interés la determinan a llevar. Un ser que toma sobre sí y carga con la responsabilidad de sus actos, es decir, que se conoce como principio y autor de ellos, debe de una u otra manera ser capaz de esta conducta. Pues
bien, la noción exacta de esta capacidad no es otra cosa que la noción de libertad moral.
c) Testimonios de la conciencia social:
Las leyes, los contratos, los consejos y las exhortaciones, las promesas y las amenazas
suponen la realidad del libre albedrío. Estas cosas no tendrían sentido alguno si nosotrostuviéramos conciencia de estar obligados por coacciones internas, es decir si supiéramos
que no podríamos cumplir pues necesariamente nos sentiríamos obligados por nuestra conciencia a obrar en tal o cual sentido; en efecto, no nos comprometemos a una cosa por contrato si no tenemos una voluntad que se cree libre.

d) Prueba metafísica:
La voluntad permanece indeterminada (idealmente) mientras tiene por objeto los bienes finitos y particulares que la inteligencia le presenta, pues estos son incapaces de llenar la ilimitada capacidad de la voluntad e incapaces de determinarla necesariamente. Ahora bien, sería distinto si la voluntad se enfrentara al bien absoluto y universal, frente a este su elección sí estaría limitada pues no podría, ni querría elegir otra cosa que ese bien
mismo (nos referimos al caso de Dios, que si pudiera ser visto con claridad la voluntad
no querría otra cosa que a Dios mismo).
4 – Tipos de Libertad
Referido a los tipos de libertad, podemos mencionar que existe una
caracterizada como “exterior” y que se refiere a no estar obligado desde afuera a realizar un acto. Más comúnmente es conocida como no estar coaccionado a obrar de un modo en particular ya sea por la fuerza física,
civil o política.
Pero también la libertad puede ser considerada como “interior”, esta es llamada libre
arbitrio, y en este sentido significa estar exento de una necesidad interior para realizar un acto. A ello es lo que denominamos como “no estar determinado, con anterioridad,
a actuar de un modo específico”.
Dentro de esta libertad interior, podemos establecer una subclasificación:
Por un lado la “libertad de ejercicio”, la cual trata de la capacidad para poder elegir
entre actuar o no. Por ejemplo: poder elegir si se quiere estudiar ahora o no.
Por otro la “libertad de especificación”, en la que su contenido versa
sobre la posibilidad de poder hacer este acto u otro en particular. En este
caso podemos ejemplificar diciendo que tenemos la posibilidad de
estudiar “martillero y corredor público” o “ingeniería”.
Podríamos sintetizar los tipos de libertad de la siguiente manera:
Libertad de ejercicio INTERNA LIBERTAD Libertad de especificación


EXTERNA
5 – La Libertad ¿es elección entre el bien y el mal?
Muchas veces se entiende que la libertad es la capacidad de elegir entre el bien y el mal.
Esto es un error muy típico. Basta pensarlo un poco: no hay nada malo en
ser libre, nadie puede negarlo, pero si la libertad consiste en elegir entre el
bien y el mal, y cuando elijo algo malo me condenan, se me estaría
sancionando por usar mi libertad como corresponde… lo cual sería
absurdo.
La facultad de elección para el mal, es decir, la posibilidad de la falta moral lejos de ser un atributo de la libertad constituye una deficiencia de la libertad, que sólo puede encontrarse en la creatura (no en el ser perfecto).

Entender la libertad del hombre como la posibilidad de elegir entre el bien y el mal ha llevado a un callejón sin salida que distorsiona todo desarrollo teórico-práctico sobre la
convivencia social, los derechos subjetivos de la persona humana, la función del Estado,
etc.
La libertad consiste en elegir el bien. Depende de la inteligencia descubrir lo que verdaderamente es bueno y de la voluntad querer lo que la inteligencia le presenta como bueno.
La voluntad elige el bien que la inteligencia le presenta. Por ese motivo lo que libera es el conocimiento del bien, es decir,
la verdad. Cuanto mayor sea mi conocimiento de la verdad más libre seré, y por supuesto más responsable de mis actos.
Por ejemplo, si alguien me pidiera ayuda para encontrar determinada dirección, sólo si sé cómo localizarla puedo decidir si lo ayudo o no. En cambio, si no sé cómo ubicarlano tendré la libertad de ayudar a esa persona dándole la dirección, a lo sumo tendré la
libertad de ayudar de otro modo.
Santo Tomás afirma que “a la esencia de la libertad no pertenecen el que se encuentre
indeterminadamente para el bien o para le mal; porque la libertad de sí está ordenada al bien, como que el bien es el objeto de la voluntad, ni tiende ella al mal sino por un
defecto; porque el mal es aprehendido como bien, ya que no hay voluntad o elección
sino del bien o de lo que aparece como bien; y por ende, donde la libertad es
perfectísima allí no puede tender al mal, porque no puede ser imperfecta. Pero es la
esencia de la libertad el poder hacer o no una acción, y esto conviene; porque puede no
hacer los bienes que hace, pero no puede hacer el mal”3.


Lo que hace psicológicamente posible el pecado (la mala elección moral) es la
limitación de la inteligencia humana, ya que el hombre puede vivir en la insensatez de
preferir un bien caduco e inmediato a la posesión del Bien Infinito, o incluso puede
incurrir en el gran error de tergiversar o confundir el mal real como bien aparente, todo esto puede suceder cuando se trata de “seguir la línea” de lo que es natural en el hombre, es decir, la inclinación a la Verdad, al Bien y a la Belleza, lo que lo hace verdaderamente feliz. Por eso, es en verdad violento aquello que es lo contrario a nuestra naturaleza.
Sabemos que es imposible que la voluntad humana elija un objeto sin que la inteligencia lo mostrase como un bien. Si se lo presentara como un mal la voluntad lo rechazaría sin vacilar.
Pero sucede que la inteligencia, obnubilada por la ignorancia, por las pasiones
desordenadas o por los malos hábitos, se confunde y acepta aspectos que son tentadores.
Presentará así el objeto pecaminoso a la voluntad como un verdadero bien, siendo que esto es tan sólo apariencia, y que ciertamente es en sí mismo un mal. Un verdadero peligro agazapado detrás de un cartel publicitario sumamente atractivo.
Si lleváramos la discusión a otro plano y nos preguntáramos si es posible que siga
habiendo mal moral una vez que el hombre alcance a Dios pues bien, se podría explicar
la impecabilidad de la que gozan los santos del cielo, ya que al contemplar “cara a cara”
la esencia divina (a Dios tal como es), no tienen posibilidad de confundir con el
entendimiento un bien aparente, porque conocen perfectamente el Bien real y absoluto.

Reflexiones a modo de conclusión

Para cerrar este breve análisis que hemos realizado presentamos algunas reflexiones que no ayudarán a comprender mejor el sentido último de la libertad.

  • “El término ‘libertad’ es usado frecuentemente con sentidos diversos. De ahí, en cierta medida, las actitudes opuestas de la cultura contemporánea frente a la libertad: de la negación (el ser humano es solo producto del medio, de las estructuras que lo rodean) hasta la mitificación (la
    libertad humana es absoluta; el ser humano se identifica con su libertad). Es relevante, para la cuestión ética, comprender correctamente las diversas facetas de la libertad humana. La
    vocación a la libertad es un dato antropológico fundamental, que se expresa mediante elecciones y actos determinados por mí y no por otros. No todos los actos que yo hago son plenamente
    míos. Pueden ser determinados por factores que yo no quiero y no consigo controlar. Los actos realmente míos son los que manifiestan mi libertad, mi elección, como elección moral, o sea, consciente y consentida, querida. […]. La libertad es tanto un dato como una tarea, una
    respuesta creciente a los llamados éticos que emergen en la historia. La persona humana no es absolutamente libre, pero es libre de hacerse libre o de renunciar a la libertad.”5
  • “La libertad posee una ‘lógica’ interna que la cualifica y la ennoblece: está ordenada a la
    verdad y se realiza en la búsqueda y en el cumplimiento de la verdad. Separada de la verdad de la persona humana, la libertad decae en la vida individual en libertinaje y en la vida política, en
    la arbitrariedad de los más fuertes y arrogancia de poder. Por eso, lejos de ser una limitación o amenaza a la libertad, la referencia a la verdad sobre el hombre (verdad que puede conocerse universalmente gracias a la ley moral inscrita en el corazón de cada uno) es, en realidad, la garantía del futuro de la libertad.”6
  • “El hombre se encamina hacia el bien sólo mediante el uso de la libertad. Este es el ámbito propio en que se desarrolla la vida ética. Sin ella no podría hablarse de moralidad. La libertad, ‘signo eminente de Dios’ (GS 17) es la capacidad que el hombre tiene de elegir y disponer de sí.
    Como es falso considerarla sometida ineludiblemente a una determinación de causas ajenas a ella misma, también es erróneo asignarle una absoluta independencia de toda norma objetiva.
    Por el acto libre, la persona es artífice de su propio destino y al configurar su identidad ética, se hace responsable ante Dios y los hermanos del bien y del mal que ha elegido.”7
  • “La libertad posee una esencial dimensión relacional […] cuando la libertad es absolutizada en clave individualista, se vacía de su contenido original y se contradice en su misma vocación y dignidad. […] la libertad reniega de sí misma, se autodestruye y se dispone a la eliminación del otro cuando no reconoce ni respeta su vínculo constitutivo con la verdad. Cada vez que la libertad, queriendo emanciparse de cualquier tradición y autoridad, se cierra a las evidencias primarias de una verdad objetiva y común,fundamento de la vida personal y social, la persona acaba por asumir como única e indiscutible referencia para sus propias decisiones no ya la
    verdad sobre el bien y el mal, sino solo su opinión subjetiva y mudable o, incluso, su interés egoísta y su capricho.”8

5
Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, “Educación, Iglesia y Sociedad”, nº 73-76.
6
Juan Pablo II, “Discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas”, 5/10/95.
7
Conferencia Episcopal Argentina, “Dios, el hombre y la conciencia”, nº 20-21.
8
Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, nº 19-20

Una opinión sobre “LA LIBERTAD

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