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La beneficencia puede contribuir a la promoción del diálogo, la solidaridad y la comprensión mutua entre las personas. También puede aliviar los peores efectos de las crisis humanitarias, complementar los servicios públicos de atención de la salud, la educación, la vivienda y la protección de la infancia.
En un mundo cada vez más dividido, los 193 países que componen las Naciones Unidas fueron capaces de ponerse de acuerdo hace dos años y adoptar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que reconocen la importancia del compromiso cívico.
Esos 17 objetivos -que pueden agruparse en seis «elementos esenciales»: la dignidad, los seres humanos, el planeta, la prosperidad, la justicia y las alianzas – tienen el potencial de transformar nuestras vidas y nuestro planeta a través de la armonización y, de esa forma, hacer frente a los desafíos que enfrenta la humanidad. También proporcionan el marco necesario para que las instituciones filantrópicas permitan a todas las personas contribuir al mejoramiento de nuestro mundo.
En reconocimiento del papel de la caridad a la hora de mitigar el sufrimiento humano, así como el de las organizaciones de beneficencia y el de los particulares, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución A/RES/67/105, decidió designar el 5 de septiembre, aniversario de la muerte de la Madre Teresa de Calcuta, Día Internacional de la Beneficencia.
«La beneficencia desempeña un papel importante en la labor de las Naciones Unidas y sus organismos. […] En este Día Internacional, hago un llamamiento a las personas de todo el mundo para que se dejen llevar por ese impulso benefactor que todos los seres humanos llevamos dentro, para que comiencen a dar y continúen haciéndolo». Estas palabras forman parte del mensaje del Secretario General en el Día Internacional de la Beneficencia.