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Brasil
Tras el cierre de los colegios electorales en todo el país, el candidato del PSL se imponía sobre Fernando Haddad, del PT. A partir de las 20 horas de ayer domingo 28 de octubre, nada más será como era entonces, en la política, la economía y las relaciones internacionales de Brasil y sobre todo en la región.
El candidato del Partido Social Liberal alcanzaba el 55,49%, superando al petista Fernando Haddad que obtenía el 44,51%, con el 92,36% de los votos escrutados. Rompió con 16 años de victorias en las urnas de la fuerza de Luiz Inácio Lula da Silva
Los brasileños han votado en medio del hartazgo de muchos con la inseguridad y la corrupción, un sentimiento que llevó al exmilitar Jair Bolsonaro a la presidencia, en un dramático giro hacia la derecha de la mayor economía de Latinoamérica.

Hartazgo
El repentino salto de Bolsonaro fue impulsado por el rechazo al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) que dirigió a Brasil durante 13 de los últimos 15 años y fue desbancado hace dos años en medio de la peor recesión y el mayor escándalo de sobornos y corrupción en la historia del país.
Su rival izquierdista, Fernando Haddad, que se postuló en representación del encarcelado fundador del PT y expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha estado por detrás de Bolsonaro desde la primera vuelta hace tres semanas.
“Quiero sacar al PT”, dijo Celina Ceccon, que había votado a Lula y a su sucesora Dilma Rousseff en las elecciones anteriores pero ahora lo hizo por Bolsonaro. “Hubo mucha corrupción, cosas malas, tanto robo. Tiene que haber un cambio”, sostuvo la mujer de 74 años, que vive en la capital Brasilia.
Bolsonaro votó temprano el domingo en un distrito militar en Rio de Janeiro, donde fue saludado por sus seguidores que le gritaban “leyenda” y “presidente”.
“La expectativa hoy es la misma que vi en las calles: victoria”, dijo Bolsonaro en un breve mensaje a periodistas.
Los últimos sondeos de opinión del sábado mostraban que Haddad estaba achicando la brecha. El respaldo de las principales figuras en la lucha contra la corrupción política en Brasil despertó esperanzas entre sus partidarios de que pueda lograr una victoria inesperada.
Laura Chinchilla, la expresidenta de Costa Rica que encabezó la misión observadora de la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo que la elección había transcurrido en calma y ordenadamente a lo largo y ancho del país, que sufrió una ola de violencia partidista durante la campaña.
Aunque Haddad ganó tracción en las encuestas, no logró ganar el respaldo crucial del excandidato de centroizquierda Ciro Gomes, exgobernador del estado de Ceará, lo que le habría dado un gran impulso en la región más pobre de Brasil.
Pero Rodrigo Janot, el ex fiscal general de Brasil que impulsó investigaciones y juicios por corrupción política, tuiteó que votaría por Haddad. Y el popular juez anticorrupción, Joaquim Barbosa, que encarceló a varios líderes del PT por corrupción, también apoyó a Haddad.

De derecha
A muchos brasileños les preocupa que Bolsonaro, un admirador de la dictadura militar brasileña de 1964-1985 y defensor de su uso de la tortura contra opositores de izquierda, pisoteé los derechos humanos, limite las libertades civiles y restrinja la libertad de expresión.
El legislador, de 63 años, ha prometido combatir el crimen en las ciudades y el cinturón agrícola de Brasil dándole a la policía más autonomía para disparar a delincuentes armados y facilitar las leyes a fin de permitir que los brasileños compren armas, una demanda de uno de sus mayores partidarios, el poderoso lobby de los agricultores.
El estudiante universitario Daniel Castro Correa de Souza, que votó por Gomes en la primera vuelta, optó por Haddad el domingo en un intento de detener a Bolsonaro.
“Bolsonaro representa una ruptura en la democracia, una amenaza a la democracia, porque tiene ideas autoritarias. No puedo estar de acuerdo con eso”, dijo el joven de 21 años después de emitir su voto en Brasilia.